El dilema de los “roomies” de distinto sexo

Uno de los dilemas más complejos a los que se enfrentan tanto un hombre como una mujer es aquel que tiene que ver con, cuando la economía no les permite comprar o alquilar un sitio a donde vivir,

Por Yazmín Alessandrini

Vivir una vida independiente, en una sociedad como la nuestra, no es nada fácil. El día a día para aquellos que viven con limitaciones (laborales, profesionales e incluso emocionales) se traduce en una constante toma de decisiones que permanentemente los obliga a readaptar sus planes y objetivos para irse allanando el camino en la búsqueda de una vida estable y exitosa.

Por lo mismo, uno de los dilemas más complejos a los que se enfrentan tanto un hombre como una mujer es aquel que tiene que ver con, cuando la economía no les permite comprar o alquilar un sitio a donde vivir, elegir al tipo de compañer@ (ojo, no me estoy refiriendo a pareja o novi@) con el cual compartirán ese vital espacio en el que convivirán, cohabitarán, convergerán y coexistirán. Porque, en un análisis más profundo y en un intento por ver la fotografía completa de la circunstancia, no es poca cosa tomar una decisión de la que (no exagero) podría depender nuestra estabilidad emocional.

Así las cosas, una vez que hemos contemplado aspectos tan ordinarios como lo pueden ser la administración del lugar en el que vivirán (a quién le corresponde hacer qué, cómo y cuándo) e incluso las reglas de convivencia (qué sí y qué no), cuando las circunstancias nos colocan en una posición en la cual tendremos que convivir y compartir con una persona del sexo opuesto, bien haríamos en poner límites a todo aquello que en el futuro inmediato podría representar un verdadero riesgo para este vínculo de características aparentemente fáciles de manejar.

En primer lugar, la convivencia diaria y cotidiana entre un hombre y una mujer nos da como para poder adquirir a un nuevo mejor amigo, un confidente y hasta un paño de lágrimas cuando las cosas se pongan color de hormiga en todo sentido (problemas laborales, problemas familiares, problemas de pareja y hasta problemas existenciales). Sin embargo, esa proximidad y esa familiaridad podría convertirse en una verdadera arma de dos filos cuando nos encontremos en una posición de vulnerabilidad emocional, porque al encontrarnos con la guardia abajo, podríamos cometer el gravísimo error de inventarnos una historia donde no la hay y eso incomodaría a nuestro roomie e incluso desbalancearlo emocionalmente. No olvidemos que “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa…”.

Por otra parte, también hay que tomar en consideración un factor que puede adquirir un peso específico sumamente preponderante y me estoy refiriendo al tema sexual, el cual indefectiblemente tarde o temprano pudiera presentarse entre roomies. Muchos de ustedes pensarán “bueno, eso se platica desde un principio y una vez que definamos las reglas de convivencia será sumamente fácil decir que no a este tipo de dinámicas…”, pero la realidad es, otra: Aquí debemos ser muy inteligentes y extremadamente cautelosos, porque de permitir que como roomies consintamos una sinergia de índole sexual tarde o temprano acabaremos por trastocar y transformar todas las características de este acuerdo las consecuencias podrían ser muy negativas para todos los involucrados. Así que, yo les sugiero, actúen con mesura y aunque les cueste mucho trabajo ver a es@ roomie del sexo opuesto como “alguien más”, procuren hacerlo de esa manera, porque de lo contrario el precio a pagar podría ser muy alto. Y no olviden, todo eso que han visto en películas sobre esta temática es mera fantasía…

Y no olviden que todos jueves a punto de la medianoche y los domingos a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable preferido para verificar nomenclatura del canal).

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