El cable

Es sólo a través de los pasajes que a veces no parecen tan agradables que nos vamos puliendo

Por Toño Esquinca

Siempre he creído que lo mejor está por venir, y lo sigo creyendo totalmente. Lo mejor siempre está por venir porque la vida todo el tiempo nos llevará por aquellas lecciones que tengamos que atravesar para aprender y evolucionar, pues es justo ahí donde radica el supremo acto de amor. Sólo cuando eres amado o amada es que alguien ve el potencial en ti para extraerlo a base de esfuerzo, de noble trabajo y enseñanzas, como quien ve detrás del pedregal una piedra preciosa. Pero es sólo a través de los pasajes que a veces no parecen tan agradables que nos vamos puliendo. Sin estos no tendríamos materia para aprobar ni escuela qué atravesar; pero estamos acostumbrados a querer sólo la comodidad y a darle gusto a los sentidos por sobre todas las cosas, y si el escenario comodino se desdibuja entonces sufrimos pensando que lo mejor quedó atrás, pero en realidad la vida siempre va hacia adelante, o en términos de no tiempo, es un continuum evolutivo en donde cada uno de los aspectos o partes aporta al todo con su propia expansión de conciencia.

Un cuadro no ideal para nuestras creencias puede traducirse en un infierno, en una pesadilla, o en un fracaso si así estamos condicionados a verlo, pero en los sinsabores, en las caídas, en los tiempos de quedarse solo, de hacer silencio, de vibrar con la verdad, de recapitular, de salir de los espacios cómodos dentro de uno mismo, es que se aprende a pasos agigantados. Lo he experimentado antes, y lo sigo haciendo hoy. Siempre he platicado al aire con mi amada y leal audiencia que somos aquello que pensamos y que lo que vivimos siempre lo atraemos ya sea como efecto de una causa o porque es justo la lección siguiente en nuestro camino. Y cuando esto pasa, sin lugar a dudas, salimos muchísimo más fortalecidos, esclarecidos y ligeros, convertidos en un nuevo Ser para seguir aprendiendo. Como dice un sabio refrán: si todo está en calma, es que vas muy lento.

Es nuestro propio ser que empuja las creencias de la conciencia para atraer aquello que le mueva el tapete, que lo saque de su zona comodina, que le haga despertar y que tome el rumbo no de los estándares colectivos de éxito, sino el camino de la enseñanza que venimos a aprehender a esta escuela de la vida. No es lo más a gusto, ni lo que se ve más bonito, tampoco lo que aparenta ser más óptimo, pero sin duda es lo preciso para seguir creciendo. No les diré que quisiera estar así todo el tiempo, no, no, no, no, no, porque la vida es hermosamente rica en las experiencias de todo tipo, pero sí les puedo decir que sólo a través de momentos como este, como miles otros que todos hemos atravesado como noches oscuras del alma, es que surge la verdadera comprensión y empatía con los demás, pues cómo saber qué siente alguien con fiebre si a ti nunca te ha dado fiebre. Y de estos encuentros con los distintos aspectos de la vida es que emerge nuestra riqueza personal y el crecimiento que nos permite Ser reales y verdaderos.

Por un lado extraño mucho a mi Muchedumbre entrañable, a mi grandioso equipo de trabajo, a mis espléndidos amigos, a mi familia del alma, a mi familia; pero siempre he confiado en que cuando Dios te pone en el cuartel de trabajo, donde tienes que ver hacia dentro, es porque te está preparando para algo grande, muy grande. Así como los cables que necesitan adecuarse al voltaje que van a recibir, cuando Dios te recalibra es porque tu cable está por volverse más resistente. Estando a la distancia física, es cuando más les recuerdo, y cuando más les tengo presente, porque les veo justo donde más les necesito: en el centro de mi corazón. Gracias por estar.

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