Comienza la IV transformación de México

Desde luego, aquí no termina el combate. Apenas comienza.

Por César Cravioto

Al circular esta edición de Publimetro, México ya estará festejando el comienzo de la cuarta gran transformación histórica de México. Porque la victoria de Andrés Manuel López Obrador es el suceso político más relevante de nuestra historia contemporánea.

Pero éste no sólo es un triunfo de Juntos Haremos Historia, la coalición encabezada por Morena. Es una conquista de las batallas por la democracia libradas por los ferrocarrileros y los maestros a mediados del siglo XX.

De los estudiantes del 68, de los electricistas de la tendencia democrática dirigida por Rafael Galván, de las luchas normalistas, del admirable esfuerzo de Rosario Ibarra de Piedra y el colectivo de mujeres por encontrar a sus hijos.

Y de tantos luchadores sociales más que se quedaron en el camino después de brindar su sangre generosa y valiente por el cambio verdadero de México.

Desde luego, aquí no termina el combate. Apenas comienza. Porque en los años subsiguientes, se trabajará por hacer realidad la cuarta transformación de la República, una hazaña equivalente al triunfo del movimiento de Independencia, de la Reforma y de la Revolución.

Como ocurrió en el movimiento de Reforma, “va a perder el partido conservador como quiera que se llame”, señaló López Obrador en el discurso de su cierre de campaña este miércoles 27 de junio.

En efecto, así como los monárquicos y colonialistas perdieron en 1821, los apátridas en 1867 y los latifundistas en 1917, la mafia del poder que impuso el modelo neoliberal concentrador de la riqueza y la desnacionalización de los bienes colectivos, el próximo 1 de diciembre deberá partir –esperemos que para siempre– con su equipaje de codicia y tráfico de influencias.

Porque entonces López Obrador dará inicio a la separación entre el poder político y el poder económico, un objetivo imprescindible. Tal vez el más importante de su gobierno. Entonces terminarán los negocios privados hechos al amparo del poder público.

Por supuesto, ese mismo día 27 reiteró que el eje de su política será el combate a la corrupción, y que la estrategia de seguridad la definirá de forma conjunta con familiares de víctimas, defensores de derechos humanos y representantes de organizaciones internacionales, como la ONU.

Fiel a su compromiso de buscar la concordia entre los mexicanos, señaló:

“Buscaremos la unidad hasta donde se pueda, pero no apostamos a la unanimidad ni al pensamiento único. Nuestros opositores siempre tendrán respeto y nunca los veremos como enemigos.

(…) Estamos empeñados en construir una verdadera democracia, no una dictadura. No va a haber una sola voz, se va a respetar la libertad, el derecho a disentir”.

El júbilo por el arribo de un gobierno progresista a México, aliado con las mejores causas populares, rebasó a nuestra nación. En efecto, en el preámbulo de los comicios, los expresidentes de Argentina, Colombia y Ecuador, Cristina Fernández, Ernesto Samper y Rafael Correa, señalaron que con el triunfo de López Obrador se abrirían promisorias opciones de cambio para Latinoamérica.

Sobresalientes líderes progresistas de todo el mundo también manifestaron su esperanza por el “vendaval de frescura” en nuestro país, como el excandidato presidencial de Colombia, Gustavo Petro; la expresidenta de Brasil, Dilma Rouseff; el francés Jean-Luc Mélenchon; el español Pablo Iglesias y la chilena Camila Vallejo.

Dejo para otra ocasión la glosa de los triunfos legislativos y en las gubernaturas, pero entretanto, es imposible no regocijarse con la victoria de Claudia Sheinbaum, quien está decidida a rescatar a la Ciudad de México del abismo depredador al que la condujo la actual administración local.

En consecuencia, como López Obrador, Sheinbaum también deberá barrer, desde arriba y hasta abajo, con la corrupción y el tráfico de influencias que marcaron la agenda del régimen perredista local.

Y en cuanto asuma la jefatura de Gobierno, restituirles sus legítimos derechos humanos y económicos a los capitalinos, traicionados en aras de las ambiciones de un grupúsculo de ambiciosos políticos.

Porque desde el primer momento de su gobierno, Sheinbaum brindará espacial atención a los miles de damnificados del sismo del pasado 19 de septiembre, cuyos derechos les fueron conculcados de forma infame por el PRD.

Pero ese es otro cantar. Por lo pronto, es tiempo de celebrar.

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