Ser para servir y servir para vivir

Por Toño Esquinca

Si se siente solo, triste, deprimido, aburrido, sin sentido, abatido, sin alternativas, con pocas ganas, sin amor propio, abrumado por los problemas que no sabe cómo o por dónde empezar a resolver, atestado por las creencias de la conciencia de rebaño que le indican que ya se le hizo tarde, o que está demasiado temprano, que ya está viejo para ciertas cosas -principalmente para volver a empezar-, o demasiado gordo, demasiado flaco, demasiado bonito o demasiado feo.

Demasiado rico o demasiado pobre; si se siente atorado, como un motor al que se le atascan los engranes, entonces sólo tiene una salida: comience a servir. Busque en dónde ser útil –que créame que lugares y situaciones sobran-; deje por un instante la idea de servirse, de hacer para tener, de buscar retribuciones y compensaciones para todo, y sólo esté dispuesto a dar, a darse, a ofrecer lo que mejor sepa hacer, sin esperar nada, ni siquiera las gracias, ni reconocimiento, ni aplausos, ni medallas.

Ese será precisamente el lugar que necesita para comenzar a girar su rueda para otro rumbo, porque ahí no reforzará esa parte de su personalidad que a la vez que le da satisfacciones de cierto tipo, le hace sentir eternamente insuficiente, incompleto, insatisfecho, en constante competencia y comparación. Sirviendo es como podrá darle salida a su esencia bondadosa, genuina y generosa; la parte unificada de usted.

Sirva para que se dé cuenta de cómo su energía puesta en lo que usted elija hacer crecer es muy efectiva; de esta manera podrá ser consciente de los monstruos que alimenta en su interior. Sirva sin interés para que vea lo que es capaz de construir limpiamente, sin un fin, sin una agenda oculta, sin una persecución obsesiva, sin ir en pos de la cansadísima construcción de la personalidad a la que siempre busca que le aplaudan, sirva para que se pueda ver a sí mismo/a en el espejo de su propia benignidad reflejada en alguien que tal vez ni conozca.

Por lo tanto sirva para trascender. Sirva para que todos sus llamados males poco a poco se conviertan en bienes con la magia de mantener la mente ocupada en algo constructivo, y con la maravillosa alquimia de ver que aquello de lo que tanto se queja tal vez sea lo mejor que a otras personas les ha ocurrido en mucho tiempo: todo es cuestión de enfoques. Y también para que al mover de lugar aquello que usted carga y que en vez de construirle le destruye, se convierta en un inigualable combustible para los sueños de alguien más: recuerde su unidad indivisible con la vida.

Si sus pensamientos están consumiéndole tiempo y energía en nada que brille o que le haga sentir mejor, y que está regalando sus dones a otros entonces diríjalos conscientemente sirviendo. El servicio es una de las más grandes antítesis de la ociosidad. Sirva, porque la energía que produce el servir es como el helio que le levantará sobre todo si está deprimido y al menos le enfrentará con aquello que realmente está ocurriendo y no con aquello que se imagina y que le mantiene anclado en el fondo.

Aunque le parezca lo opuesto en la escala de las cumbres y los éxitos, el servicio es la nota más alta que podemos alcanzar en cualquier ámbito, pues después del amor que aún es ególatra sólo existe un ejercicio más satisfactorio, que es el poder del servicio. Sirva y después de servir, siga sirviendo, porque para el Universo no existe nada que pase desapercibido y sus abonos en la banca de la vida serán tan grandes que en cualquier momento se verá sorprendido con regalos inimaginables. Tal vez a eso se refería el Maestro Jesús cuando dijo que aquello que damos se vería benditamente multiplicado.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo