Competencia en la economía digital

Por Juan Enrique Huerta Wong

Son los tiempos de la economía digital. Rentamos casas en AirBnB, pedimos taxis en Uber y compramos productos de MercadoLibre. Esto ha traído una serie de consecuencias, y también retos enormes para los gobiernos, pues todo negocio tiene que regularse en beneficio de los consumidores. Por esto es relevante que la Comisión Federal de Competencia Económica haya publicado el estudio “Repensar la competencia en la economía digital”.

Más allá de ser concluyente, el estudio hace una primera reflexión, de las muchas que veremos en los años por venir, de lo que implica bigdata y las compañías que la sustentan, para las vidas económicas de las personas.

Como sabemos, hay un número de compañías que hoy funcionan con base en análisis de nuestro comportamiento digital.

Twitter ofrece para el usuario contenido sujeto a su comportamiento y perfil digital, Facebook liga con usuarios que aparentemente están dentro de la red, recibimos llamadas a diario de bancos que nos venden todo tipo de productos financieros. 

Son los tiempos que desde el teléfono hacemos casi todo, leer, ver películas, escuchar música, contactar con viejos amigos. Y esto supone retos enormes a la privacidad de las personas, barreras de entrada a nuevos competidores, y retos para un gobierno que requiere de impuestos para operar.

Cofece se pregunta cómo hacer para reducir las barreras de entrada, en un mundo donde el ganador se lleva todo. Una compañía como Facebook será dominante hasta que encontremos servicios similares que además agreguen valor. Lo mismo ocurre con Netflix, hoy la compañía de telecomunicaciones con mayor concentración de mercado en el mundo.

¿Qué pueden hacer los organismos promotores de la competencia económica ante los retos enormes de lo digital?

El primer riesgo es que quede corto, sin herramientas para observar prácticas de concentración donde las haya, ante lo cual la opción es actualizar sus equipos de trabajo y técnicas. El segundo escenario o riesgo es que sí se detecten las prácticas de concentración, pero carezca de “dientes” para resolver. Tercero, que al resolver, se generen distorsiones de mercado.

Pongamos por ejemplo a Netflix, compañía que cuenta con gran concentración de mercado. Carecemos de un producto sustituto. Lo mismo que con Facebook. Por ahora, es sólo un tema para reflexionar, sin soluciones visibles. A menos claro, que se cometiera el error de incidir en los mercados desde las prácticas gubernamentales. Pero nadie habla de ello. 

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