Austeridad sin ocurrencias 

Uno de los mayores aciertos que tiene López Obrador es el de combatir los excesos y la corrupción

Por Héctor Escalante

El virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador hizo público sus 50 puntos del plan de austeridad y anticorrupción. Entre ellos viene la reducción de su sueldo como Presidente  y el adelgazamiento de la burocracia y de sus privilegios, nadie pudiera estar en contra de que desaparezcan  privilegio y prestaciones desmedidas.

Es cierto que durante décadas los privilegios de mucha de la élite de la clase política llegaron a lugares desmedidos, ejemplos varios: choferes que eran utilizados para uso personal y familiar, viajes sin sustento, viáticos sin comprobar, comidas personales cargadas al erario, contratos a cercanos o familiares  y un sin fin de excesos que debieron desaparecer hace años. Sin embargo, también encontramos a una inmensa gama de funcionarios públicos honestos, de todos los niveles, que son sumamente capaces y hacen extraordinariamente bien su trabajo.

Los extremos siempre son peligrosos y así como hubo un abuso del gobierno federal, principalmente en el último sexenio, sería injusto meter a todos en la misma bolsa. Es necesario una reducción de gastos, un recorte a los excesos y una ruptura de tajo a los privilegios, sí.  Es necesario reducir sueldos por decreto, pero correr a todos los empleados de confianza u obligarlos a trabajar los sábados y señalar que todos en el gobierno son malos o corruptos, es un error.

Uno de los mayores aciertos que tiene López Obrador es el de combatir los excesos y la corrupción, uno de sus mayores problemas es que los combate en ocasiones con ocurrencias y no propuestas serias. En el papel suena estupendo que existan ahorros, en la práctica se requieren una serie de reestructuraciones y de revisión a detalle para encontrar los excesos que se tienen que combatir.

Lo mismo sucede con la descentralización de las secretarias, es decir, su salida de la CDMX al resto del país es una idea que tiene mucho sentido, el problema es que no es por decreto que a partir del 1º de diciembre y por arte de magia las dependencias amanezcan en otros estados. Se requiere un plan a largo y mediano plazo, lo más probable es que sean pocas, muy pocas las dependencias que puedan migrar el siguiente año y es casi un hecho que en un sexenio no se pueden trasladar todas.

También se requiere de un plan exhaustivo sobre las necesidades de cada dependencia, sobre su personal, un censo para saber quiénes están dispuestos a abandonar su lugar de origen e irse al estado que “les tocó”, buscar instalaciones adecuadas, saber cuántos edificios son propios y cuántos se rentan, preparar una mudanza de personal y equipo.  No es una labor sencilla.

Es ingenuo pensar que las cosas se mueven por decreto, por arte de magia o porque las dice en conferencia de prensa AMLO. En el papel muchas de sus ideas tienen sentido, en la realidad provoca más dudas que confianza la manera en que las presenta. El país necesita un cambio estructural, la gente lo sabe y por eso la legitimidad de AMLO en las urnas, pero el cambio estructural tiene que ser con ideas sustentadas, sino nadie nos asegura que podemos quedar peor que antes, y eso es mucho decir.

Últimas palabras

Las dirigencias del PAN y del PRI por fin parecen despertar de la pesadilla, estuvieron paralizados dos semanas. Renunció René Juárez y pronto se irá Damián Zepeda, veremos si vienen cambios reales o siguen sin entender nada.

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