Sabia virtud de conocer el tiempo

Por Yazmín Alessandrini

¿Se han dado cuenta que desde tiempos ancestrales el ser humano (los hombres y las mujeres por igual) vive obsesionado por el tiempo, las consecuencias de éste y cómo la impaciencia por no saber esperar las circunstancias adecuadas para tomar las decisiones correctas le hacen pagar facturas altísimas a lo largo de toda su vida, olvidando por completo que el verdadero secreto de la felicidad está completamente reñido de aquellas situaciones en las que permitimos que la precipitación se convierta en la protagonista principal de la existencia?

Cuando somos niños anhelamos con todas nuestras fuerzas convertirnos en adultos para poder hacer lo que se nos pegue la gana y así ya no tener que ceñirnos a las reglas de los mayores y cuando por fin crecemos, nos emancipamos y el peso de los compromisos y las responsabilidades nos apabulla, cerramos los ojos, suspiramos y deseamos vehementemente volver a ser unos pequeños cuya única “obligación” era obtener buenas calificaciones, sacar a pasear a nuestra mascota y no maltratar los zapatos…

Sí. Se trata de un ejemplo como muchos en el que el tiempo juega un papel medular. Sin embargo, lo cierto es que el Padre Cronos es tan relativo como caprichoso con todos aquellos que esperamos algo de él. Queremos tener hijos y nietos como el vecino del departamento de al lado cuando lo cierto es que apenas llevamos un par de años de casados; y lo mismo pasa con aquellos que quisieran andar de “mochilazo” por Europa como algunos de sus compañeros de la preparatoria, pero la carrera de medicina que eligieron estudiar les exige un esfuerzo que requiere dejar de lado aquellas actividades que otros sí pueden realizar.

El tiempo es relativo, ese es un hecho incontrovertible. Como lo es también aquella circunstancia intrínseca en la condición humana de que cada quien tiene que vivir a su ritmo y a su tiempo, más allá de lo que hagan o lo que tengan los demás.

Tenemos que aprender a disfrutar y a valorar todo aquello que el tiempo nos permite vivir, porque nada nos garantiza un reloj de marcha interminable o que nuestra situación no podría tornarse, de un día para otro, en una difícil madeja de complejidades a causa de una enfermedad incurable, una bancarrota, una ruptura sentimental o la pérdida irreparable (muerte) de un ser amado. Por eso, lo mejor que podemos hacer es apropiarnos apasionadamente de nuestras propias decisiones y permitir que los demás hagan lo mismo con las suyas, porque a la larga resulta sumamente frustrarnos permitir que otros decidan por nosotros o, peor aún, hacer caso a los demás y vivir a su manera y no a la nuestra.

Hay que entender al tiempo como un recurso natural no renovable. Es algo así como el obsequio más valioso que nos pudo regalar la biología. Cada minuto, cada hora, cada día, cada semana, cada mes, cada año, una vez transcurridos, con sus vivencias, sus sinsabores, sus silencios, sus enigmas y las decisiones tomadas y no tomadas, una vez que se hacen presentes y se diluyen, no los veremos de vuelta nunca.

Por eso es importantísimo que podamos dimensionar en su justa preponderancia la contundencia del tiempo, no del reloj y las horas que éste marca, sino de esa intangible urgencia que tenemos que encontrar para verdaderamente aprovechar nuestro paso por este mundo y el rol que nos ha tocado interpretar en nuestra propia vida y en la de los demás también.

Y el tiempo es tan relativo que el siguiente ejemplo, es tan contundente como nítido: Los dos presidentes más recientes del país más poderoso del mundo, los Estados Unidos,  Barack Obama y Donald Trump. El primero se retiró de la política a los 55 años y el segundo entró en ella a los 70 años. Por eso, es totalmente cosmético ser joven de edad o de espíritu o sentirse un alma vieja o caminar con la ayuda de un bastón. Lo importante es cómo interpretas tu tiempo y tu lugar.

Y a ti… ¿qué tal te va con tu tiempo?

Y no olviden que todos jueves a punto de la medianoche y los domingos a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable preferido para verificar nomenclatura del canal).

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