Sin tiempo que perder

Treinta días desde que fueron elegidos, López Obrador y Sheinbaum han redoblado esfuerzos durante este periodo de transición

Por César Cravioto

Hace un mes, la mayoría de mexicanos determinó que Andrés Manuel López Obrador sería el próximo presidente de la República. Y Claudia Sheinbaum, la siguiente jefa de Gobierno de la capital.

Pese a las extenuantes jornadas de sus respectivas campañas, en estos treinta días han redoblado esfuerzos para desarrollar su agenda por el cambio verdadero. Porque, en contraste con la frivolidad manifiesta en transiciones pasadas, en la actual el reto es de tal magnitud, que es imprescindible no perder el tiempo.

Por consiguiente, en vez de tomarse unas merecidas vacaciones largas, López Obrador y Sheinbaum optaron por dedicarse a trabajar. Por conformar sus equipos. Por preparar con sus colaboradores sus programas de gobierno.

Así serán los seis años de gobierno, de arduo quehacer. Porque siendo grandes las expectativas, las exigencias ciudadanas también lo serán. Y porque gobernar para la transformación significa un compromiso de tiempo completo.

Por eso. Porque saben que el reto que enfrentan es gigantesco. Y que se encuentra en juego el porvenir de la nación y de la ciudad, López Obrador y Sheinbaum están resueltos a impulsar, desde el primer día de su mandato, la cuarta gran transformación de México.

Sobresale, entre el conjunto de sus esfuerzos, la designación de la mayor parte de integrantes de sus gabinetes, imprescindible para elaborar los programas de gobierno.

Con tal finalidad, desde el 2 de julio López Obrador se reunió con su futuro gabinete para distribuir, entre sus miembros, treinta y cinco tareas prioritarias destinadas al cumplimiento de sus compromisos de campaña, entre los cuales destaca el imperativo de la austeridad.

También en esa ocasión, como lo haría días después ante los representantes populares electos de la coalición Juntos Haremos Historia, advirtió que será inflexible con quienes incurran en actos de corrupción. Idéntica advertencia que, a su vez, Sheinbaum hizo a sus colaboradores.

De tal modo, los próximos funcionarios son los encargados de elaborar los proyectos correspondientes a su área de trabajo, porque, de acuerdo con las instrucciones del virtual presidente electo:
“Se trata de empezar a trabajar ya en el plan de gobierno. Se trata de no perder el tiempo para poder cumplirle a la gente”.

Sobresale, asimismo, entre las propuestas de López Obrador, la misiva que le remitió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la cual el problema migratorio ocupa un lugar preponderante, pues de su resolución depende el destino de incontables personas, no sólo mexicanas, como lo ejemplifica el atroz suceso de los pequeños separados de sus padres en aquella nación.

De forma similar, Claudia Sheinbaum ha reiterado que la austeridad y el combate a la corrupción serán normas imprescindibles en su gobierno, así como la búsqueda del equilibrio en las finanzas públicas, clave para contar con recursos suficientes para impulsar educación, salud y sacar de la marginación a los millones de capitalinos que la padecen.

Y como para la consecución de tales propósitos se requiere conocer la situación en que se encuentra la administración pública, desde el 10 de julio se estableció la primera Mesa de Transición para el relevo de poderes.

De tal manera, los equipos de transición del jefe de Gobierno, José Ramón Amieva y el de Claudia Sheinbaum continúan reuniéndose para examinar los aspectos torales de la administración pública local, como la escasez de agua y la movilidad, y de forma preponderante, el de la reconstrucción derivada del sismo del pasado 19 de septiembre.

Después de dar a conocer a la mayor parte de su gabinete, constituido por ciudadanos competentes, sin más compromisos que con la gente, la virtual jefa de Gobierno electa propuso que los próximos titulares de las dependencias se reúnan con sus homólogos en funciones para empaparse de los problemas que enfrentan las oficinas que estarán a su cargo.

Entre las prioridades, tanto de López Obrador como de Sheinbaum sobresale –cabe la reiteración– el imperativo ético-político de la austeridad. Ambos están decididos a que ésta sea norma invariable de sus gobiernos.

Por eso analizan la manera más eficiente y justa de reducir las percepciones, sobre todo a la burocracia de cuello blanco. Como también el salario de los legisladores. Para eliminar, de una vez por todas y para siempre en la administración pública, las percepciones millonarias que ofenden la sensibilidad popular.

La mayoría en el Congreso se utilizará para eso. Para cristalizar las aspiraciones de la población. Entre otras, y de forma primordial, el adelgazamiento del Estado. Para reducir salarios a los de arriba e incrementarlos a los de abajo.

De tal modo, López Obrador y Claudia Sheinbaum preparan ya los programas de gobierno para emprender, a partir de diciembre, la cuarta gran transformación de la República.

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