Herencias negras y autoritarismos

Por David Olivo

Después de 40 días, Andrés Manuel López Obrador recibió la constancia que lo acredita como Presidente electo. Pareciera que el tabasqueño tiene prisa por “enderezar” el rumbo del país, sin embargo, persisten cuestiones sin respuesta que preocupan a millones de mexicanos.

Por ejemplo, la megadeuda que heredará de la administración de Enrique Peña Nieto y de la que si cada mexicano debiera pagar, deberíamos todos y cada uno de nosotros más de 80 mil pesos. O la Estafa Maestra de Morena, con la que creo un Fideicomiso para financiar su campaña y por la que el INE lo multó por 197 millones de pesos.

O qué hará el expriista con su amigo Manuel Bartlett a pesar de la andanada de críticas por perfilarlo como futuro director de la Comisión Federal de Electricidad, o con su aliada política Elba Esther Gordillo, quien la madrugada del miércoles fue absuelta del desvío y multimillonario lavado de dinero de la SNTE.

Otra pregunta para el ganador de las elecciones del 1 de julio pasado es qué uso dará al Fondo para la Transición de 150 millones de pesos. ¿Serán utilizados para echar a andar la Cuarta Transformación? ¿Serán usados para pagarse a sí mismo su salario después de tantos años de no recibir supuestamente ningún peso público? o ¿Serán erogados para pagarles a sus colaboradores y futuro gabinete?

Y preocupa por las repetidas contradicciones del próximo gobernante nacional, como el haber prometido que no habría más gasolinazos, pero su gobierno mantendrá el mismo esquema económico en el sector, es decir, no bajará el precio de las gasolinas y lo mantendrá obedeciendo al libre mercado.

A Bartlett lo defendió a pesar de las severas, y serias, críticas de la clase política, intelectuales, activistas y de su cercanísima y carismática Tatiana Clouthier, y de cientos de antecedentes periodísticos sobre su negro pasado como Secretario de Gobernación y su pasado negro.

¿Dictador?

Dejando a un lado sus silencios sobre qué hará con la multimillonaria deuda que heredará de Peña Nieto y de cuál será el destino del Fondo para la Transición, AMLO ha dado muestras de un autoritarismo que se pensaba superado después de la derrota del PRI.

Integrará en su gabinete a personajes que ganaron un escaño o una curul en el Congreso de la Unión, pero que ya sabían que no ocuparían; sugirió nombramientos al Poder Legislativo, a pesar de afirmar que no será el poder de los poderes, ha desplazado al Presidente en funciones y ha impuesto su agenda nacional, y todo lo anterior sin contar que algunos de sus colaboradores comienzan a desmentir algunas de sus propuestas de campaña.

A la prensa incómoda, como aquella que le daba menos puntos en las encuestas durante la campaña, la descalifica llamándola “fifí”, al igual que a sistemas y organismos de transparencia y anticorrupción, es decir, descalifica a “personas ricas con piel delgada”.

Morena prometió una sana distancia con López Obrador en el Congreso, pero qué fue lo primero que hizo el tabasqueño: en un encuentro con legisladores electos anunció –cual priista– que el coordinador en el Senado sería Ricardo Monreal.

A Héctor Vasconcelos, de una prometida cancillería en diciembre pasado, lo mandó a la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara alta, para colocar en su lugar a su carnal Marcelo Ebrard.

“Sugirió” al Congreso una terna para ocupar la Fiscalía General de la República a Eva Verónica de Gyves y los juristas Juan Luis González Alcántara y Bernardo Bátiz, cuando esa es facultad exclusiva del Poder Legislativo.

Los medios de comunicación que cubren las actividades en su casa de transición, en la Roma, también han sufrido maltratos, tanto de su deficiente aparato de comunicación social, con César Yáñez a la cabeza, como del mismo Presidente electo. A los periodistas de a pie les dijo que no les declarará nada adicional a lo que presente en videos en Facebook. 

Una joya de su autoritarismo fue lo que declaró en un documental producido por Epigmenio Ibarra: “Critican que en esta casa vive un hombre autoritario, que se come a los niños, populista, mesiánico ¿qué tan intolerante soy que este jovencito decidió irle al América? ¡Imagínense eso!”, en referencia a su hijo menor Jesús.

Roger Bartra, antropólogo, escritor, académico y exmiembro del Partido Comunista advirtió en una entrevista publicada por El País cinco días antes de las elecciones: “El programa de Morena es regresar a las tesis del PRI de la época de (José) López Portillo, de Luis Echeverría y de aún antes. El problema es que eso va junto al autoritarismo. Es un intento de regresar al antiguo régimen”.

López Obrador no se fue a La Chingada, como prometió en caso de perder las elecciones, se quedará en Palacio Nacional, luego de que el pueblo le ganó al priismo autoritario y antidemocrático, por lo que resulta insensato que aquel personaje que luchó contra el viejo régimen ahora abrace y espere con los brazos abiertos a Manuel Bartlett, Marcelo Ebrard, Napoleón Gómez Urrutia y, ahora, a Elba Esther Gordillo. El pueblo se cansó. 

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