Discriminación: lo veo y me vale

Por Vicente Amador

Tengo la impresión que, cuando escuchamos hablar sobre discriminación, lo que a muchos nos viene a la mente es Martin Luther King encabezando una marcha en Washington o Nelson Mandela luchando contra el Apartheid en Sudáfrica.

Efectivamente, son dos casos emblemáticos de la batalla contra el racismo, que es una forma de discriminación. Pero también convendría voltear sobre nuestra realidad y preguntarse cómo andamos los mexicanos en el tema ¿Somos un país que discrimina?

Muchos dirán que no y más de alguno podría cambiar de opinión –o al menos guardar silencio– cuando reflexionamos sobre nuestra actuación en cuestiones como: si pudiéramos rentar un cuarto de nuestra casa, ¿Lo rentaríamos a una persona transgénero? ¿Pensamos que los jóvenes son irresponsables o que las personas de la tercera edad son inútiles?

La Encuesta Nacional sobre Discriminación del Inegi nos dice que dos de cada 10 personas declararon haber sido discriminadas en el último año por alguna característica o condición personal. Y entre las razones principales por las que percibieron esta discriminación, más de la mitad declaró que fue por su apariencia, más específicamente, por la forma de vestir o el arreglo personal, el peso o la estatura.

En otras palabras, parece que, desafortunadamente, sí aplica el “como te ven, te tratan”. Los mexicanos también nos sentimos discriminados, en segundo y tercer lugar, por las creencias religiosas y por la edad.

¡Cuidado! También habría que tener en cuenta que “las apariencias engañan”, reza otro dicho.

La discriminación implica que se obstaculice, restrinja, menoscabe o anule el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos y libertades. Y uno podría pensar, pero… ¿llegamos a tanto, a negar derechos fundamentales? ¡Ni que fuéramos nazis!

Sin embargo, la Enadis nos dice que dos de cada 10 mexicanos sentimos que en los últimos cinco años se nos negó injustificadamente algún derecho. Principalmente la posibilidad de obtener apoyos de programas sociales; en segundo lugar, la atención médica o la recepción de medicamentos. Le siguen la negación de los servicios en alguna oficina de gobierno, créditos de vivienda, préstamos o tarjetas e, incluso, la entrada o permanencia a algún negocio, centro comercial o banco.

La Enadis también preguntó la opinión sobre cuánto se respetan en este país los derechos de determinados grupos poblacionales. Siete de cada 10 piensa que se respetan “poco o nada” los derechos de las personas trans, de las personas gays o lesbianas y de las personas indígenas.

De estos resultados se puede extraer una conclusión “culposa”: nos damos cuenta de la discriminación, somos conscientes de ella, pero de todos modos participamos. El siguiente miércoles retomo el tema.

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