¿De qué o de quién dependes?

Muy pocas veces o quizá en ninguna ocasión, nos damos la oportunidad de pensar ¿qué pasaría si tuviéramos que independizarnos?

Por Helios Herrera

Y de repente pasan los días, los años, la vida… y sin más, vamos avanzando en ella; así como la corriente nos lleva, así como nos dicen debe ser, así como creemos debe ser… sin ningún cuestionamiento a ello.
Muy pocas veces o quizá en ninguna ocasión, nos damos la oportunidad de pensar ¿qué pasaría si tuviéramos que independizarnos? Y no me refiero a esa independencia de salir de casa de nuestros padres, o generar los suficientes recursos para vivir por sí solos, sino a la independencia de todas nuestras excusas, de nuestros miedos, de todo aquello que nos limita para avanzar.
Es muy fácil, te invito a pensar ¿qué harías tú sino tuvieras miedo? (Entendiendo el miedo como esa angustia que aparece cuando se piensa que pasará algo contrario a lo que deseamos); a lo mejor te arriesgarías a poner un negocio.

A lo mejor tú que estás leyendo esto y que cocinas maravilloso, tan sabroso que todos tus sobrinos te dicen “Tía ya ponga el restaurante porque su comida es deliciosa”, llevas 17 años sin atreverte a hacerlo porque dependes de la aceptación de tu marido, del ingreso económico; cuando dependemos de que alguien nos dé permiso, esperamos el momento de estabilidad económico o demás, es el punto exacto de cuando no logramos ser libres, no logramos ser independientes y acumulamos una maleta llena de “buenas y lógicas” excusas para no hacer nada.
Si regresamos nuevamente a la historia del Desarrollo Humano, el individuo adolece justo cuando se independiza. En la adolescencia, además de ser un proceso fisiológico doloroso (porque estás creciendo por todos lados y te duele el cuerpo), adoleces cuando adolecente, porque es justamente la etapa en que tienes que empezar a romper de lleno el vínculo (creencias, limitaciones, miedos) que te han enseñado, para lograr ser un individuo; por lo tanto, ser independiente y ser libre, es doloroso. Hay que echarle un trabajo serio y constante, pero si no logras independizarte nunca vas a ser dueño de ti mismo.
Actuar se aprende actuando. Caídas habrá millones, pero cada una de ellas es un paso más cerca a tus metas. Identifica aquello que te ata, esas cadenas que te detienen y te limitan tu potencial.

Hay que determinar en dónde estamos parados, a dónde queremos llegar, hacer un plan y empezar a actuar; pero me gustaría primero decirte que no es nada fácil. ¿Podría ser fácil de un momento a otro enlistar aquellas cosas que nos detienen y como arte de magia desaparecerlos?

Por supuesto que durante muchos años nuestro entorno nos va haciendo dependientes de cierta manera a muchas cosas, personas, situaciones, entre otros; que, en lugar de sumar a nuestras vidas, simplemente la limitan. La capacidad de reflexión, evaluación y depuración de todas estas cosas, es decisión de cada uno de nosotros, y conforme crecemos es esencial que nos enfrentemos a ello y hagamos en consciencia aquello de lo que no queremos depender.

A mí me encanta el concepto libertad, pero libertad no es hacer de mi vida un cacahuate, libertad es ser libre de mis miedos, de mis temores, de mis complejos, hacerte responsable de tu condición y de las consecuencias de cada una de tus decisiones.

Por lo otro lado y hablando como padre, también debes dejar que tus hijos se independicen y no dejarte enganchar en una codependencia viciosa. Nos guste o no llega el momento en que tus hijos tomarán sus decisiones, posiblemente se van a equivocar, pero van a aprender. Es momento de que crezcan y que los apoyes y tú también crecer a la par de ellos.

Una historia cuenta que una vez una niña vio cómo una mariposa iba saliendo de su capullo, la mariposa se veía con mucho esfuerzo para lograr romper aquel obstáculo que la tenía atrapada; por lo que la niña decidió ayudarle a salir de este rompiendo el capullo.

La mariposa majestuosamente abrió sus alas y a los pocos segundos murió. Lo que la niña no sabía era que la mariposa tenía que romper sola el capullo porque cuando sus alas se raspan con el capullo, van limpiando una especie de polen que deben quitar por medio de un proceso doloroso pero que las habilita para vivir.

Atrevámonos a salir de nuestro capullo, creámonos capaces de hacerlo por nuestro propio pie, dejemos que aquellos seres que más amamos vivan su proceso individual en tiempo y forma, permitámonos extender nuestras alas y no depender de ningún prejuicio, miedo o voz en nuestra mente que nos diga que no podemos construir aquello que tanto deseamos.

Seamos libres, busquemos nuestra libertad e independencia.
Piensa, reflexiona y actúa.

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