Por qué México no crece

Por Juan Enrique Huerta Wong

“Nunca juzgues un libro por su cubierta”, reza el adagio. Sin embargo, resulta difícil, al ver escaleras, manos o mapas en una portada, no pensar que el cliché puede estar también en el contenido del libro. Pero he aquí uno de los casos donde se compensa una portada. Este martes se presentó “Esfuerzos mal recompensados: la elusiva búsqueda de la prosperidad en México” de Santiago Levy (BID), lectura imprescindible acerca de por qué la economía no crece.  

El autor es muy conocido en los altos círculos del análisis de políticas públicas y la alta burocracia. Vicepresidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Subsecretario de Hacienda con Ernesto Zedillo, director del IMSS con Felipe Calderón, se ha manejado en los medios como director del SAT en el gobierno de la Cuarta Transformación. Dado su análisis de los mercados laborales, verlo en la Secretaría del Trabajo daría certidumbre a una eventual reducción de la informalidad. 

La tesis central del libro es que México no ha logrado crecer económicamente, a pesar de haber seguido al dedillo las recetas económicas del libro de texto de Desarrollo, porque la productividad no ha crecido. Es decir, si la productividad, entendida como generar más productos con los mismos insumos, crece, entonces el Producto Interno Bruto, que ha subido a poco más de 1% neto anual durante las últimas tres décadas, crecerá. 

Para realizar su análisis, Levy describe lo que denomina el Entorno de “Tres Mundos”. Primero, el “mundo” de las relaciones entre trabajadores y empresarios. Segundo, “el mundo” de los impuestos. Tercero, el “mundo” del mercado. Bajo este marco conceptual, explora lo que sucede en términos de la productividad y la informalidad. 

Levy encuentra que México ha hecho avances macro entre los que se incluye control de la inflación, apertura comercial, cobertura y calidad educativas. No son procesos perfectos, pero en los últimos 30 años ha habido éxito en estos tres indicadores sustanciales. Sin embargo, estos indicadores no han tenido éxito en mayor productividad. 

La tesis de Levy es que hay una relación entre mayor informalidad y mayor productividad, pero no es que una cause a la otra, sino que ambas son una consecuencia del entorno de relaciones laborales, impuestos y mercado. 

El marco legal de las relaciones laborales hace que más empresarios vean mayores beneficios en no crecer y no contratar legalmente. El sistema de impuestos hace que los empresarios que apuesten por la formalidad tengan que pagar mayores impuestos. Y en materia del mercado, el hecho de que haya prácticas monopólicas y una realidad de pagos que llegan tarde, cuando llegan, produce poco aliento a la productividad. 

A pesar de que el libro ha sido escrito “para el lector común”, dos temas podrían ser mejor explicados. El primero es que Levy insiste en que el hecho de que se haya reducido en los últimos años las barreras a la aparición de nuevas empresas es un problema que evita el crecimiento de las ya existentes. Una reacción de algún empresario, es que la reducción de trámites y trabas es en realidad un acierto para la aparición de muchas más empresas. 

Otro tema que podría ser mejor explicado es que con mucha frecuencia, las prácticas gubernamentales generan distorsiones de mercado. No son pocos, y así lo sugiere apenas el autor, los actores políticos que se venden y compran. Así es como se construyen carreteras y puentes, pero todo tipo de servicios públicos en este país. Un mercado donde las empresas se distinguen por venderle o no al gobierno, es uno con pocos incentivos para competir e innovar. 

La presentación de este libro fue convocada por el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO). 

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