¿Cuáles son los pasos que debe tomar el PAN para recobrar su fuerza en el país?

Por Mariana Gómez del Campo

El PAN se construyó en 1939 como un partido de ciudadanos preocupados por la vida pública y política de México, ciudadanos que no creían que el caudillismo revolucionario y su eternización a través del Partido Nacional Revolucionario que posteriormente cambiaría sus siglas al PRI, fuese la solución.

Mucho se ha dicho que el PAN es un partido de empresarios, la realidad es que desde su fundación el partido fue un conglomerado de muchos estratos y perfiles sociales distintos.

Fue el partido que creyó en las mujeres y el que ha sido persistente en la generación de espacios para su desarrollo político; lo mismo con los jóvenes, fue el primer partido en crear una Secretaría de Acción Juvenil para impulsar su participación y formación, fue tan exitosa esta experiencia que de sus filas salió el ex presidente Felipe Calderón.

La ideología panista se identifica con las corrientes humanistas de pensamiento y con la doctrina social de la Iglesia pero ha logrado a través del respeto a la laicidad y a la pluralidad construirse sobre sólidos pilares: la dignidad de las personas, la solidaridad, la subsidiariedad y el bien común.

Para Don Manuel Gómez Morín, fundador del partido, la decencia era una cualidad inquebrantable de un verdadero ciudadano y panista; la presencia territorial del PAN fue creciendo conforme crecía también la demanda ciudadana de democracia y la inconformidad ante un sistema político centralista, monolítico y autoritario.

Se convirtió en el catalizador de muchas exigencias sociales, empezando en lo político por la mayor pluralidad; en lo económico por la necesidad de estabilidad, reducción de la inflación galopante, el fin de las crisis recurrentes y el crecimiento con justicia social.

Vicente Fox llegó a la presidencia y los mexicanos conquistaron la alternancia, en buena medida, porque el PAN logró imponer su agenda modernizadora y democratizadora en el Congreso y fue ganando poco a poco mayor fuerza electoral en el país desde 1988, supo adueñarse y representar la agenda del cambio.

Hoy, el país enfrenta una situación política no vista en décadas: tendremos un presidente –de nueva cuenta- con el control político del Congreso gracias a la mayoría de Morena, muchos congresos estatales y la legitimidad que le dio su triunfo en las urnas; este contexto puede ser la mayor virtud del nuevo gobierno pero también la mayor amenaza de regresión política. Sin quererlo, 30 millones de mexicanos pudieron regresar al país 40 años atrás, a la época del partido hegemónico.

El PAN está llamado a aprender de su historia, de sus aciertos y de sus errores. Requiere ser la oposición que México necesita, una oposición propositiva, eficaz pero al mismo tiempo, vehemente cuando no se privilegie el interés colectivo. Tiene que volver a enarbolar sus principios, saber comunicar su agenda, abrirse de nueva cuenta a los ciudadanos, recuperar la decencia tan vilipendiada en el servicio público, hacerse de una agenda propia y diferenciable, volver a ser el partido de las mujeres y los jóvenes, y algo muy importante, superar la división y el encono en su interior a través de la generosidad.

No es una batalla nada sencilla la que enfrenta el PAN, pero de hacer lo correcto, estoy segura que en poco tiempo volverá a ser la opción de gobierno moderna, confiable y victoriosa que haga frente al populismo o al autoritarismo que solo cambió de color de playera.

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