¿Nuevo oro verde?

Por Juan Enrique Huerta Wong

Póngase la reciente reunión de la Comisión Global de Política de Drogas junto a las cifras de capitalización de mercado de las empresas vendedoras de Cannabis de Canadá y Estados Unidos, y la lista de Forbes donde aparecen los nombres de los Barones de los Cárteles mexicanos. Aparece una enorme avenida de mercado con el nuevo oro verde como símbolo, mariguana. No nos engañemos, esto es un tema de negocios, no de política contra el crimen organizado.

Cuando este martes todos los medios dieron cuenta de las declaraciones de Ernesto Zedillo respecto a que se equivocó en prohibir y no regular la venta de estupefacientes, los mayores de 40 de seguro nos acordamos de cuando Caro Quintero se atrevió a pedir a un presidente exactamente lo mismo. Quintero anticipó que las ganancias serían mucho mayores para él y sus colegas dentro del mercado que fuera del mismo, al grado de poder pagar la deuda externa.

Dados los antecedentes de regulación à la mexicana, de regularse la producción, distribución y venta de la mariguana, se producirán mercados oligopólicos muy atractivos para los ganadores. Varios de mis amigos economistas repiten como mantra que la concentración es la única alternativa para generar rentabilidad a ciertas áreas. Tal fue la discusión en las telecomunicaciones, y tal ha sido en la industria aeronáutica.

Así pues, habría nuevos jugadores que de la noche a la mañana se harían con oligopolios verticales interesantes. De acuerdo con The Wall Street Journal, las empresas líderes en los mercados norteamericanos han recibido inversiones, durante 2017 y 2018, en el rango de los miles de millones de dólares americanos.

Aunque las ganancias aún son tibias, del orden de los 20 millones de dólares cada año, se trata de un negocio creciente, pues se estiman nada menos que 300 millones de usuarios de substancias en todo el mundo. Suena apetitoso para México, en un momento cuando se buscan avenidas para ampliar la base fiscal y los ingresos a las finanzas públicas. 

Hace más de 10 años que el psiquiatra y neurólogo británico David Nutt escribió el libro “Las Drogas y el Futuro: Ciencia del Cerebro, Adicción y Sociedad” (“Drugs and the Future”). En este libro, Nutt y sus colegas anticiparon un futuro donde las drogas formarían parte activa de la recreación de adolescentes y adultos, tal como hoy compartimos una cerveza entre amigos de cuando en cuando.

Lo interesante de este libro es que se basa en una amplia consulta a una serie de expertos en salud, políticas públicas, negocios. Pasar de un mundo donde las drogas son ilícitas a uno donde hay formalidad en la producción, distribución y venta al público, puede reducir los riesgos y transparentar las ganancias, coinciden los autores, apoyados en cientos de entrevistas.

Es pues, la oportunidad para que un sector de la población hoy en riesgo, tanto del lado de productores como de consumidores, hagan florecer juntos un negocio para el que desde ya, hay miles de inversionistas interesados.

Sólo no nos confundamos. Las drogas constituyen un tema de negocios, no de seguridad pública. No es cierto que al convertir el tráfico de drogas en un negocio multimillonario formal, los cárteles dejarán de delinquir, pues las drogas forman sólo una pequeña parte de la mezcla de sus negocios. Para la delincuencia organizada, los negocios más rentables son aquellos que tienen que ver con el tráfico de personas, trata, secuestro, asesinato.

Las drogas pueden ser el oro verde para inversionistas, pero confundir el combate a la delincuencia con el combate a las drogas es vivir en la comodidad de la Torre de Marfil, y debe ser manejado por la Secretaría de Economía, no por Seguridad Pública. Que alguien explique esto a los responsables de la seguridad pública de la próxima administración.

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