Educación, reto de los negocios del futuro

Por Juan Enrique Huerta Wong

Hace algunos días, el Presidente electo llamó la atención al provocar el entorno financiero y decir que recibe un país en quiebra. Esto probablemente no es verdad, como rápidamente respondieron de la Secretaría de Hacienda (fuentes dignas de todo crédito dicen que aún están ahí). En tiempos de la economía del conocimiento, parece preocupante que lo que sí está definitivamente roto es el sistema educativo, y no se ve cómo se pueda mejorar. 

Recientemente, Element A.I., ubicada en Montreal y especializada en inteligencia artificial, publicó un reporte que indica que, en el mundo, hay menos de 10 mil personas con las capacidades suficientes para trabajar en la base de lo que algunos esperan sea el motor de los negocios en las próximas décadas, la big data. El reporte no pudo identificar a nadie en México, y ubicó el grueso del talento humano especializado en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido.

A Alfredo Toriz, Ingeniero en Sistemas y Doctor en Robótica egresado del Laboratorio Montpellier de Informática, Robótica y Micro Electrónica, entidad del Centro Nacional de Investigación Científica en Francia (algo así como el CIMAT y el INAOE juntos, nomás que en Francia), este reporte de Element no le hace gracia. Afirma que en México hay personas con un sentido amplio de la tecnología más reciente, incluyendo machine learning y redes neuronales.

Para Toriz, un problema central en la educación superior de México es que no se puede exigir a los jóvenes que adquieran en su paso por la universidad un nivel de suficiencia dado que llegan con competencias que la primaria, secundaria o preparatoria deberían remediar.

Y no se puede filtrar tampoco. Por ejemplo, en las universidades con pase automático, por definición no es posible seleccionar a los mejores, y hay que lidiar con lo que llega de las prepas, con frecuencia no evaluadas.

México es el país de la OCDE con peores resultados en las pruebas estandarizadas internacionales. Los resultados de matemáticas son especialmente malos. El argumento central de quienes exponen excusas ante esto es la desigualdad económica. Pero año con año, los analistas de PISA pueden ver que los resultados no difieren según haya desigualdad económica. Es decir, no importa si los estudiantes son ricos o son pobres, en general los resultados son bajos.

¿Qué puede mejorar los resultados? Todo. Importa el tipo de maestros, las condiciones alimentarias, el contexto, las escuelas, los modelos educativos. Los funcionarios. Pero la diferencia mayor de los resultados de educación radica en los maestros. Por eso es tan mala noticia que se pierda la oportunidad de evaluar a los docentes, y despedir a los malos elementos. Un trabajo que no admite despidos, es uno que sólo admite mediocridad.

¿Hay consecuencias de ello? Las hay, y dramáticas. Desde embarazos adolescentes hasta la pertenencia a la sociedad, casi todo pasa por la mala calidad educativa.

Pero concentrémonos por ahora sólo en el mercado laboral. En el contexto de la OCDE, las jóvenes mexicanas tienen el mayor rango de desempleo y desocupación, es decir, no estudian, trabajan o se entrenan para el trabajo, que cualquier otro país, salvo Turquía. Puede haber varias razones para ello.  Una principal es que a la falta de competencias para el mercado laboral se suma la discriminación laboral.

En un contexto internacional donde la sofisticación caracteriza a las ocupaciones, contar con deficientes programas, nula selección, maestros sin posibilidad de mejora y funcionarios no especializados, anticipa un desastre para los mercados laborales y los escenarios futuros de negocios. A menos claro, que se nutra con los hijos de los que más ganan y pueden pagar la educación privada.  

DEL NAIM

Escribí largo ahora para escapar a un tema popular, la consulta por el NAIM. Como en casi todas las opciones que tiene ahora el casi entrante gobierno federal, sostengo que se parte de un diagnóstico incorrecto. La gente votó, principalmente, para que se reduzca la inseguridad pública en el país. De regreso al NAIM, resulta irrelevante si se pone en Texcoco o donde sea. La pregunta relevante es por qué hay que distraer cualquier recurso que no ataque frontalmente a la inseguridad. Eso por supuesto incluye la vacilada del Tren Maya, absurdo para el mexicano promedio. Pero lindos, se verán ambos proyectos. 

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