El dilema migratorio

Por Vicente Amador

Desde tiempos inmemoriales han sucedido migraciones humanas. ¿Cómo no generarse, si las personas estamos en continuo movimiento buscando el mayor bienestar nuestro y el de nuestras familias? ¡Nos movemos hacia donde estemos mejor!

Con mayor razón abandonaremos el entorno conocido —y no por gusto— si vivimos en zonas rebosantes de violencia, pobreza, enfermedad, marginación, hambre.

La ONU calcula casi 258 millones de migrantes en el mundo, hasta 2017. Sólo del año 2000 al pasado, hubo 85 millones más. Cincuenta por ciento más en diecisiete años.

En México, la migración es un tema central: somos el segundo país en el mundo con el mayor número de migrantes, sólo superado por la India.

Alrededor de 13 millones de mexicanos viven en otros países, la mayoría en Estados Unidos. Si también consideramos a los hijos de esos paisanos que se fueron, sólo en el vecino del norte vive un tercio de la población de todo México.

¿Cómo no va a ser así? Considere este ejemplo: la segunda ciudad con más duranguenses es Chicago. Allá hay más duranguenses que en Gómez Palacio y Lerdo.

Eso respecto a los mexicanos que se van. En menor medida, también hay quienes vienen a vivir a México. En nuestro país residen, hasta el 2017, casi un millón de personas nacidas en el extranjero. Poco menos del 1% de la población.

A la constante tensión entre las fronteras, ahora se suma una crisis migratoria en el límite sur del país, la cual ha llevado a miles de hondureños a buscar derribar los obstáculos que los separan de Estados Unidos.

Los países hacia los que muchos migran se enfrentan con un panorama complejo. Hoy México vive parte de esa complejidad en un dilema: si facilita la migración hondureña, Donald Trump podría emprender en cualquier momento represalias contra nuestro país. Además, el tema surge en un momento que le hace juego al ala republicana del congreso norteamericano. A ellos les conviene que el problema sea mayor. También podemos detener la migración, pero con qué cara nos quejaremos de la falta de hospitalidad de Estados Unidos con los nuestros.

Entiendo las dificultades de abrir las fronteras, pero también me pregunto hasta dónde este mundo es de todos. Además, todos tenemos derecho a buscar mejores condiciones de vida, a preservarnos huyendo de las zonas de conflicto.

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