Legalización de la marihuana abre el debate de las libertades humanas

La senadora Indira Kempis responde a la pregunta: ¿México está listo para la despenalización del consumo lúdico de la marihuana?

Por Indira Kempis Martínez

Soy de las que piensa que el uso medicinal de la marihuana es importante ante los avances médicos y científicos. También de las que ve sin prejuicios el uso recreativo o lúdico de la marihuana. Pero esta visión se deriva no sólo de los estudios que se han analizado en otros países para tomar esas decisiones públicas -como los que demuestran que la violencia por el narcotráfico se reduce-, sino más bien de un ejercicio de uso de la libertad que debería existir en el Estado de Derecho con reglas muy claras sobre lo que podemos o no hacer.

Estoy convencida que una sociedad libre es mucho más propensa a desarrollar mecanismos propios de convivencia, supervivencia y hasta control. Por eso me congratula que la Suprema Corte nos esté poniendo en el debate no del uso de la marihuana, sino de las libertades humanas.

Está claro que las implicaciones son muchas. No nada más es decir que sí a la marihuana, sino entender las corresponsabilidades que se derivan de tal libertad. Eso quiere decir que lo de menos es adquirir un derecho, sino, hagámonos las siguientes preguntas:

¿Los gobiernos estatales están listos para enfrentar este tipo de libertades?, ¿están preparados en materia de prevención del delito, salud pública y atención a adicciones?, ¿están preparados desde las escuelas para enseñar de drogas a las juventudes? Son cuestiones duras; pero habrá que hacerlas.

Otros retos colectivos que se van a desencadenar a raíz de la esa decisión judicial serán el combate a la elaboración a nuevas sustancias prohibidas. Al respecto, por ejemplo, el activista Anel Quiroga, me ha comentado de la preocupación que existe por el incremento del consumo de ‘cristal’ [una mentanfetamina altamente lúdica] en Nuevo León. Entonces, ningún debate sobre drogas se terminará únicamente con la marihuana, menos sus impactos sociales.

Tenemos entonces que ocuparnos en otros rubros que van más allá de la legalidad sobre su uso y que más bien estriban en el ejercicio de las libertades, la responsabilidad del Estado ante la seguridad y la salud pública, como la información que entreguemos desde las escuelas y la casa sobre el uso no sólo de la marihuana, sino del alcohol, del cigarro, del Internet y cualquier otro insumo que pudiera causar adicciones.

Ante cualquier derecho, obligación. Y ante cualquier libertad, responsabilidad. Esa es la fórmula.

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