Recuerdos de paz

Por Ricardo Monreal Ávila

Este fin de semana se conmemoraron los cien años del armisticio entre Alemania y las Potencias Aliadas, firmado luego de la derrota del país germano en la Primera Guerra Mundial. Su conmemoración refleja el éxito de los procesos de paz en Europa. 

Dos años después de este conflicto bélico fue fundada la “Liga de las Naciones” y con ella, nació un objetivo común, que si bien comenzó únicamente con países europeos, se expandió posteriormente al resto del mundo. La paz dejó de ser una utopía, para convertirse en una clara necesidad para el progreso. 

Luego de 100 años de la Gran Guerra, los líderes políticos saben que la paz debe entenderse como un compromiso, una práctica venerable y una tarea incesante. 

Sin duda el conflicto es natural en las relaciones humanas, así como entre las naciones, sin embargo lo que no debe normalizarse es la violencia ante toda discordancia, en este sentido y como una muestra de civilidad el presidente francés Emmanuel Macron encendió la llama eterna de la Tumba del Soldado Desconocido, como un homenaje a las víctimas de esta guerra. 

Las imágenes de la canciller alemana Angela Merkel y Macron, son prueba incuestionable de la capacidad de los seres humanos de conciliar y de construir. Hoy Francia y Alemania son socios comerciales y aliados políticos, a partir de su proximidad geográfica y su historia entrelazada, han procurado la cooperación y la fraternidad, creando una nueva historia compartida. 

La paz nunca es coincidencia. 

A cien años del final de la Primera Guerra Mundial, nuestra lección debe ser la memoria; recordar que la paz se construye en conjunto, cada día en nuestro ser y actuar como sociedad.

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