Las ocurrencias de la nueva administración

Por David Olivo

Con asombro, preocupación y cierta molestia se ha venido conduciendo el equipo que el próximo 1 de diciembre tomará las riendas del país. Consultas a modo, calificativos peyorativos para la clase alta, censura en medios informativos y un cúmulo de incongruencias comienzan a mostrar que la Cuarta Transformación no será lo que sueña y anhela el nuevo presidente electo, sino todo lo contrario, podría significar toda una pesadilla para todos los mexicanos, incluidos los que votaron por él en julio pasado.

Después de las críticas por su consulta patito sobre el futuro del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) y las burlas por los morenistas “fifís”, su hijo José Ramón López, en un lujoso hotel en Madrid, España, y el diputado federal Gerardo Fernández Noroña en salas VIP de aerolíneas comerciales, ahora comienzan a presentar lo que sellará a la próxima administración: incongruencias y ocurrencias.

Veamos. El domingo pasado, el presidente electo anunció una nueva consulta nacional para determinar la viabilidad del su obsesión del Tren Maya y el resto de sus programas sociales. Un día después, Rogelio Jiménez Pons, futuro director de Fonatur, detalló que el día 16 de diciembre se realizará una ceremonia simbólica en Palenque y el 17 iniciarán los trabajos puntuales en cinco estados. O sea, la decisión ya está tomada, la consulta es otra tomadura de pelo. Es otra vacilada, como calificaron los senadores del PAN la anterior encuesta que sepultó el aeropuerto en Texcoco.

Lo más preocupante del resultado de ambas consultas es la gravísima ilegalidad en la que podría incurrir el próximo gobierno en caso de que asigne obras sin licitar, sin poner a competir a las empresas interesadas. A los empresarios del fallido aeropuerto de Texcoco les prometió obras en Santa Lucía, lo que contraviene la ley. Y si las obras del Tren Maya arrancan el 16 de diciembre, 11 días después de rendir protesta como Presidente, en qué momento se llevó a cabo el concurso. Ocurrencias que, de entrada, rayan en la ilegalidad.

Volviendo al tema de los “Fifís”, el Presidente electo y los morenistas deberán tener mayor cuidado, pues ahora que están en los cuernos de la luna podrían estrellarse con una facilidad asombrosa. El último legislador “Fifí” captado en primera clase en un vuelo Tijuana-Ciudad de México fue Jaime Bonilla, quien cansado de la austeridad de su partido se dio el lujo de viajar con las mayores comodidades el lunes pasado.

Jaime Bonilla se suma a Gerardo Fernández Noroña, quien también fuera captado en una sala VIP del aeropuerto de Tijuana, cuando fue a atender “temas sociales” a esa ciudad. También se suma a quien vendió la exclusiva de su boda a la revista ¡HOLA!, al hijo de AMLO, a José Ramón López Beltrán, quien fue captado en el lujoso hotel Villa Magna, de Madrid, hotel donde suele hospedarse Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera. Y a Paco Ignacio Taibo II, quien fuera captado comiendo en un exclusivo club social de Acapulco.

Pero lo peor, la peor decisión que ha anunciado la administración entrante es la militarización de las calles de todo México, lo que nunca se hizo, ni en administraciones panistas, ni con la Gendarmería de Peña Nieto. El próximo presidente anunció la creación de una Guardia Nacional para combatir los delitos de alto impacto e intentar pacificar al país.

La decisión se estrella con las promesas que hizo el mismo tabasqueño en campaña, pues muchas veces dijo que, de ganar la Presidencia, retiraría a los militares de las tareas de seguridad pública que realizan en la actualidad. Sin embargo, ya como presidente electo reculó porque “la verdad hay mucha descomposición en los cuerpos policiales”.

Entonces, los militares seguirán patrullando las calles pero sin ningún respaldo legal, toda vez que la Constitución establece que la tarea de las fuerzas armadas es exclusivamente proteger la soberanía nacional, no hacerla de policías.

La propuesta del próximo presiente es crear una Guardia Nacional con 50 mil elementos de las policías militar, naval y federal, con despliegue en todo el territorio nacional y como jefe al secretario de la Defensa Nacional.

La militarización del país no llegó con un gobierno de derecha, ni de centro, sino de uno de izquierda, lo cual era impensable hace apenas unos días.

Para los expertos en temas de seguridad nacional, la Guardia Nacional representa un serio peligro para los derechos humanos, además de los importantes retos que significa la coordinación, porque confianza nunca la habrá, entre mandos civiles y militares.

El próximo gobierno tiene una bomba de tiempo, que le podría estallar más pronto de lo que pensaba el gobierno saliente, cuando le estalló en sus manos Tlatlaya e Iguala, lo que fulminaría la anunciada Cuarta Transformación, dejando un solamente un legado de ocurrencias a futuras generaciones.

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