¿Y, por qué no?

Por Toño Esquinca

¿Y, por qué no? En cualquier situación de la vida de todos los días: en el tránsito, en la fila del banco, en la línea de espera del supermercado, en el estrés del trabajo, en el correr de las rutinas, en lugar de ofrecer lo peor brindamos lo mejor que existe dentro de cada una y uno de nosotros.

¿Ha reflexionado usted alguna vez sobre lo que pudo marcar la diferencia de un efecto mariposa que terminó en caos para usted y para otras personas? ¿Y si en lugar de reaccionar con hostilidad se supera a usted misma/o saliendo de su zona habitual e inventa una respuesta completamente diferente?

La reinvención de nosotros mismos en aquella persona que queremos Ser, al final no es un acto de ilusionismo que se da de la noche a la mañana, sino que es el resultado de esos pequeños y casi imperceptibles cambios que vamos realizando día a día como la gota de agua que perfora a la roca. Las leyes universales de causa y efecto están descritas en prácticamente todas las religiones y escuelas espirituales del mundo, y el principio fundamental de que absolutamente todo lo que se cosecha tiene detrás su correspondiente siembra es una de las claves que nos ha sido provista a los seres humanos para comprender que somos los creadores de nuestra propia suerte, o mejor dicho, destino.

Así que, ¿por qué no? En lugar de convertirnos en monstruos de reacciones agresivas, hacemos un alto para experimentar por sí mismos/as la efectividad de esta ley llamada también ley del karma y hacemos con otras personas aquello que nos gusta que hagan con nosotros. ¿Por qué no nos volvemos personas menos aburridas para responder de formas más creativas e inventivas a las situaciones y el devenir de la vida?

Aunque ser personas hostiles, agresivas, groseras, violentas, indiferentes, frías y cínicas, desafortunadamente parece estar de moda y con eso ser una imagen altamente posicionada, es en realidad una aburrida máscara a la que ya le conocemos el principio y el fin. De hecho, hay muy poco de original en andar por la vida con el ceño fruncido, quejándonos de todo, o bien, indiferentes a todo.

Es mucho más atractivo, original y carismático, ser quienes ponen el orden, la belleza, la armonía, la alegría, la chispa, la justicia o la conciencia a los momentos y situaciones grises y planas que vamos convirtiendo en la realidad cotidiana. En todo cuanto hacemos y a cada instante somos los portadores de un factor de cambio, o bien, de complicidad. No hay elemento pequeño para la evolución ni para la transformación, así que ¿por qué no dejar de subestimar lo que somos y lo que hacemos?

A veces una simple palabra de aliento, de agradecimiento, de reconocimiento, puede obrar milagros. Así como las plantas que reviven de un instante al siguiente con el agua de lluvia, todos nuestros actos son gotas de agua o de ácido para reverdecer o marchitar. ¿Por qué no dejar los mismos y cansados hábitos de comportamiento y de reacción para ser artistas que emplean su creatividad en cambiar sus actitudes y experimentar los resultados?

No me crea, póngalo en práctica y verá cómo los efectos son majestuosos. Por qué no concederse el permiso de ser distintos para obtener resultados diferentes. Como trate será tratado, como juzgue será juzgado, como robe será robado, como perdone será perdonado, como aprecie será apreciado, como ame será amado.

Por qué no tomarlo en cuenta cada vez que automáticamente reaccione con furia para destruir, y reflexionar en que si bien usted aún no se importa tanto, cuando vea que el boomerang regresa afectando también a las y los que más quiere, se dirá a sí mismo: lo hubiera pensado dos veces. ¿Por qué no ser más sabios, más conscientes, más presentes, mejores seres humanos? 

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