López Obrador frente al espejo bolivariano

Por Mariana Gómez del Campo

El fantasma de Hugo Chávez ha acompañado a López Obrador desde la elección de 2006 a causa de una agresiva campaña que puso a ambos personajes frente a frente; las diferencias son cada vez más difíciles de señalar pues tras la elección del 1 de julio, el líder de Morena fortalece su convicción de que los mexicanos lo han elegido no como Presidente Constitucional sino como un “tlatoani” mexica.

El “bono de legitimidad” que representan los 30 millones de votos obtenidos en las urnas de las últimas elecciones presidenciales es, y mucho me temo que será, el “as bajo la manga” de Morena para echar a andar sus ocurrencias y disfrazarlas de voluntad popular.

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López y Chávez parecen compartir el mismo ADN “revolucionario” pues mientras el tabasqueño intentó fallidamente dos veces llegar al poder incluso autonombrándose “Presidente Legítimo”, el venezolano dirigió un fallido golpe de Estado en 1992. Lo anterior es relevante porque ambos se asumían a sí mismos como hombres destinados a reconducir la política de sus naciones.

Los dos personajes se asumen como herederos de los ideales de uno de los héroes nacionales: Chávez del libertador Simón Bolívar y López de Benito Juárez, un hombre que dirigió al país durante una cruel guerra cuya victoria definió a nuestro país como un Estado Federal. Al final, me parece, ambos héroes no estarían tan orgullosos de las obras de estos dos modernos caudillos.

Sus discursos son similares: ambos prometieron el renacimiento de sus países: Chávez mediante la refundación de la democracia con su “Quinta República” y López con la cada vez más caótica “Cuarta Transformación”. El elemento común en sus proyectos es que vendieron a sus electores la idea de que la solución de los problemas de sus países es mágica y sencilla, sólo es necesario que ellos tomen el poder para transformar la realidad de sus pueblos.

Ambos fueron electos en contextos políticos similares: una crisis de los partidos tradicionales, altos índices de corrupción, un descontento del sistema político nacional, un empobrecimiento de la calidad de vida de los ciudadanos y la alianza pragmática con actores políticos que tradicionalmente fueron sus enemigos. Ese escenario fue el caldo de cultivo perfecto para el arribo de ambos personajes por la vía democrática al poder.

Chávez fue más allá convocando a una Asamblea Constituyente y valiéndose de su popularidad controló 121 de los 131 escaños de ese cuerpo colegiado; López coquetea con la idea de una Constitución Moral cuya intención es mantener la mayoría en ambas cámaras del Congreso para impulsar un Constituyente logrando que el cambio sea “irreversible”.

Otro elemento digno de comparación es la calidad de la democracia cuya variable elemental es la separación de poderes. Mientras en Venezuela, Chávez se encargó de desgastarla desde 1999, López actúa como un verdadero monarca dando instrucciones precisas al Congreso de qué hacer y cómo hacerlo. Prueba de ello es la reciente ola de reformas a las leyes que, gracias a la mayoría de Morena y sus aliados, han sido aprobadas por el Congreso que sólo dan más poder al Presidente pues mientras Peña Nieto pasa a la historia como el Primer Mandatario con menos atribuciones constitucionales, López iniciará su gobierno con la concentración de funciones en la Presidencia como no se veía en los últimos cuarenta años.

Sus proyectos de seguridad son casi idénticos. Mientras que Chávez elevó a rango constitucional a la Guardia Nacional Bolivariana como un elemento integrante de las Fuerzas Armadas con el objetivo de preservar el orden interno de la nación, López impulsa la creación de una Guardia Nacional particularmente encargada de “prevenir y combatir el delito en todo el territorio nacional”, según reza la iniciativa presentada por Morena. La principal similitud entre ambos cuerpos recae en que ambas corporaciones dependen directamente de mandos militares y no de mandos civiles como en el caso de cuerpos similares en Francia, Italia, Estados Unidos o Chile.

Cabe destacar que la Guardia Nacional Bolivariana ha sido el principal instrumento represor del régimen bolivariano contra sus ciudadanos; el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en 2017, responsabilizó a este cuerpo de la muerte de al menos 73 manifestantes.

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Podríamos abordar más similitudes como las consultas a modo y fuera de la ley, el chantaje a los Gobernadores de oposición con los presupuestos del Estado, las hostilidades hacia los órganos autónomos para seguir sus instrucciones, la amenaza a los empresarios para cumplir sus deseos so pena de expropiación de sus bienes, entre muchos otros que enfrentan a López Obrador ante el espejo bolivariano y, parece ser, le gusta lo que ve: un líder autoritario y donde todos aplauden sus ocurrencias por más peligrosas que estas sean.

¿Será que cuando López Obrador dice que encabezará la “Cuarta Transformación” a lo que realmente aspira es a que su movimiento se mantenga 70 años en el poder como lo hizo en PRI tras la Revolución Mexicana?, es pregunta cuya respuesta nos asusta a los demócratas.

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