Responsalibertad

El esfuerzo, el empeño, las ganas o el aprendizaje de las lecciones difíciles es lo que va puliendo la vara mágica

Por Toño Esquinca

Nada hay más elevado en la conciencia humana que la responsabilidad en toda la extensión de la palabra. Si queremos resolver cualquier situación tenemos que habilitar la respuesta que damos a la misma, sustentándonos en nuestra sabiduría personal producto del camino andado, en observar la conexión entre las causas y los efectos en nuestras vidas, y en el saber que cualquier magia funciona cuando la o el mago está preparado para hacer la magia de transformar su realidad, es decir, cuando
realmente tiene la noción y la voluntad de ser responsable.

El esfuerzo, el empeño, las ganas o el aprendizaje de las lecciones difíciles es lo que va puliendo la vara mágica. Si queremos ser libres, verdaderamente libres, tenemos que aprender a ser responsables, y si queremos dar lo mejor de nosotros al entorno, también tenemos que hacerlo por la vía de la responsabilidad.

Como lo dijo bien el gran Bob Dylan: un héroe es alguien que entiende la responsabilidad que viene con su libertad, y para complementar la idea, también es quien entiende la libertad que viene con la responsabilidad. No hay mejor manera de ser luces en la oscuridad, techos en la tempestad y fuertes en la debilidad que aprender a ser responsables.

Muchas de las cosas que ocurren en nuestra historia personal y por las que sufrimos tanto resultan de tener una postura completamente victimizada ante las adversidades o incluso en los momentos gratos, pues hasta para disfrutar verdaderamente de las buenas cosechas, tenemos que aprender a ser responsables.

La madurez es madre de la responsabilidad, y ésta no necesariamente viene o se adquiere con los años cumplidos, sino con aquellas cosas de las que somos conscientes que podemos abarcar y aportar para servir. Hay personas que desde muy temprana edad responden, resuelven y solucionan, y demuestran una gran capacidad de madurez para con su familia, primero, y después para con su sociedad.

En contraste, hay otras personas que tardan prácticamente toda una vida en encontrar respuestas atinadas, adecuadas, en ser objetivos y neutrales y buscar el punto medio de equilibrio y balance, normalmente definidas como inmaduras y consecuentemente irresponsables, es decir, incapaces de proponer, aportar, responder por sus actos y no ser carga  para nadie. Siempre es buen momento de plantearse un nuevo escenario y elegir con consciencia, elegir la libertad de la responsabilidad y la responsabilidad de la libertad, pues si lo vemos con detenimiento lo que en el fondo queremos para quienes apreciamos es que sean felices, y ser felices no puede estar separado de la libertad y por ende de la responsabilidad.

De hecho, si reflexionamos en esto las experiencias que todas y todos hemos vivido con respecto a aquellos seres queridos que parten de este mundo cuando les es concedido despedirse, siempre tratan de la responsabilidad.

La responsabilidad de haber pensado, dicho, expresado y actuado correctamente los unos con los otros, sin adeudos: ni me debes ni te debo, con cabalidad y asumiendo por completo nuestros actos.

Probablemente esto sea lo más parecido a lo que se conoce como tener la conciencia tranquila y poder dormir por las noches. No se trata  tanto de expiación de culpas, ni de torturas perpetuas, ni de penitencias inútiles, sino mucho más, de ser completamente responsables por lo que somos y por lo que no somos.

 

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