Chalecos amarillos: uniforme de la desilusión

Por Ricardo Monreal Ávila

Francia, histórico impulsor de los valores democráticos y republicanos, vive hoy un sismo social que amenaza a su líder promesa, Emmanuel Macron.

Las protestas que han envuelto al país desde hace varias semanas van mucho más allá de un rechazo a políticas fiduciarias. Los “chalecos amarillos” deben entenderse como la manifestación de una profunda insatisfacción con el gobierno francés y su clase política.

La ciudadanía ha tomado las calles para hacerle saber al Estado que su creciente incapacidad de garantizarle servicios y necesidades básicas, aunado a su apática distancia, ha sido un goteo incesante en los últimos años, que hoy se vive como un oleaje inclemente en la capital.  

Un disturbio público se lee como protesta válida y no como agresión ilegítima cuando vocaliza exigencias y reclamos que hacen eco en mayorías; la violencia se entiende dentro de una desesperación generalizada. Al tiempo que debemos reconocer estos hechos como un movimiento legítimamente popular, (carece de liderazgos evidentes y comprende una multiplicidad de voces), no puede perderse de vista la agenda de grupos que buscan cooptar las demandas del pueblo francés para fines políticos.

Es alarmante que ante un liderazgo indiferente y distante, crezcan fuerzas xenófobas, lo hemos visto repetidamente en la historia.

En México las exigencias por el cambio y el hartazgo ciudadano, se canalizaron en la elección del pasado primero de julio. Pero la democracia no es un estado permanente que  llega para quedarse.

Un liderazgo legítimo es aquel con el cual se identifica la gente, donde la ciudadanía ve sus valores y sus ilusiones reflejadas. La ausencia del mismo abre la puerta a soluciones simples,  impulsadas por grupos que ven en la desilusión ciudadana, campo fértil para cultivar nacionalismos vitriólicos y odios que jamás permitirán cosechar bienestar social y que en vez, derogarán el espíritu ciudadano hasta dejarlo yermo.

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