Nostalgia para Acción Nacional

Por David Olivo

Es una despedida la que tengo hoy en mente. Un homenaje a un año que se lleva muchas cosas a nivel nacional. Promesas, sueños, pero sobretodo grandes amistades que dejan hueco en la vida pública de este gran país y que no podrán ser remplazadas en mucho tiempo debido a su increíble entereza en su labor. Me despido de aquellos que este año partieron lejos de nosotros para nunca ser olvidados en nuestros corazones.

Indudablemente, el remolino político desembocado desde el fallecimiento de la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, nos tomó por sorpresa en vísperas de navidad con amargura y desconsuelo en cada imagen que observábamos. El impacto se apoderaba de nosotros, anidando dejos de esperanza por la tragedia para Acción Nacional.

¿Qué no se ha dicho del incidente que desplomó la aeronave? ¿Cuáles son las demandas aún no expresadas contra el gobierno federal? Lo cierto en todo esto es que hemos perdido a jóvenes figuras de la primera fuerza de oposición nacional. Silenciados por el terror de una muerte fastuosa, escondida entre explicaciones poco claras que hacen pensar sobre el correcto proceder del titular del Ejecutivo Federal.

Este accidente aéreo se suma a una lista de personajes que fallecieron en pleno labor de sus actividades. Nada los regresará, sin embargo nos dejan una tarea fundamental en pro de la democracia. Esos funcionarios públicos que se mostraban siempre listos a emprender nuevos proyectos en nombre de México, ya no los veremos más. Poco se gana al señalar culpables invisibles, sólo nos queda tomar su lugar en el frente contra políticas nacionales que agredan la independencia.

Entre esas jóvenes promesas que se esfumaron en un halo de fuego sobre el cielo acaparan mi atención tres, las cuales fueron sinónimo de éxito de una clase política inteligente en construcción.

Recuerdo 2008 como si fuera ayer. La caída de Juan Camilo Mouriño, en ese entonces secretario de gobernación, fue dramática en un fin de semana con muchas decisiones por tomar y que fueron decisivas para el curso de la política moderna de principios del siglo XXI. Eran las 17:05 cuando se anunció la noticia fatal. El avión en que viajaba les costó la vida a 18 personas.

Una catástrofe fueron los últimos momentos de Mouriño, pero no para ese gobierno, sino para el futuro (nuestro presente) de la administración pública. 

Por su parte, Ramón Martín Huerta, secretario de seguridad pública federal en 2005, perdió la vida debido a un error humano y a situaciones climáticas que dificultaron el aterrizaje. Huerta iba al penal de máxima seguridad de La Palma, en el estado de México hasta que el siniestro se hizo presente.

Otro caso suscitó en 2011, cuando José Francisco Blake Mora, secretario de gobernación, viajaba rumbo al Aeropuerto Internacional General Mariano Matamoros en Morelos. La travesía finalizo con la vida del funcionario.

Me disculpo por todos los no mencionados en estos accidentes, pero que recordamos con mucho cariño. En memoria a todos los fallecidos en estos siniestros. 

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