La errónea postura del gobierno de AMLO ante la renovación de la dictadura en Venezuela

Por Mariana Gómez del Campo

Nuestro país siempre se ha caracterizado por haber sido un defensor de los Derechos Humanos y de la democracia a nivel mundial. Un ejemplo es el Tratado de Tlatelolco que después de la Segunda Guerra Mundial y en medio de los constantes desencuentros entre Estados Unidos y la Unión Soviética, México se apresuró a coordinar a las naciones latinoamericanas para declarar a la región como una zona libre de armas nucleares. En los años setenta, durante las dictaduras de Argentina y de Chile, nuestro país no sólo se pronunció a favor del respeto de la voluntad popular expresada en las urnas, sino que fue más allá recibiendo a cientos de ciudadanos que huían de la persecución de los regímenes que habían acabado con el orden democrático de esos países.

Con la Declaración de Lima firmada el 8 de agosto de 2017, se crea esta instancia multilateral conocida como el Grupo de Lima integrado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y con el objetivo de atender, entre otros aspectos, la crisis humanitaria y el establecimiento de la democracia en Venezuela.

Nadie puede negar que en los últimos años Venezuela vive una verdadera crisis integral de la cual sólo tenemos disponibles estimaciones porque el gobierno venezolano se ha negado sistemáticamente a dar a conocer datos sobre mortalidad infantil, escasez de alimentos y desabasto de medicamentos. Sin embargo, el éxodo de miles de venezolanos es algo que no puede ocultar el régimen de Nicolás Maduro, el heredero del autoritarismo construido por Hugo Chávez.

Con la postura tomada el pasado viernes 4 de enero, sumándose a Bolivia y Nicaragua, apelando a la autodeterminación de los pueblos, el Gobierno mexicano está cerrando los ojos a una crisis política, económica y sobre todo humanitaria, que no sólo ha impactado a nivel nacional sino que se ha convertido en una crisis con alcances regionales, el silencio los hará cómplices de que continúe la dictadura y la violación de los derechos humanos en Venezuela.

El próximo 10 de enero, Nicolás Maduro asumirá un nuevo gobierno en Venezuela, un gobierno no reconocido por la comunidad internacional ni por la actual Asamblea Nacional, con esto la situación actual sólo aumentará la gravísima situación que ese país hermano vive. Lo hemos dicho antes y debe quedar claro: no se trata de un enfoque de izquierda o de derecha como han querido manejarlo, se trata de que México siga participando a nivel internacional en temas de importancia internacional como lo son los Derechos Humanos.

Con la inacción del gobierno mexicano, nuestro país está dejando de lado espacios de liderazgo a nivel regional que serán ocupados por otras naciones lo que se traducirá como una pérdida de capital político en América Latina, una región de influencia natural para nuestro país. Es evidente que el gobierno de López Obrador no está considerando los costos de aislarse y “nadar de muertito”.

No podemos olvidar que la inacción de la comunidad internacional ha cobrado altas facturas a la humanidad. No seamos cómplices, con nuestro silencio, de la tragedia más grande de nuestro continente, las decisiones no son del presente sino del futuro.

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