Ignorancia y Arrogancia

Por Ivan Barona
  • Head of Business Intelligence de GBM
  • Iván Barona estudió Administración y Finanzas en la Universidad Panamericana. Comenzó su carrera en GBM en 2004 como analista de vivienda e infraestructura, para posteriormente fungir como Estratega México. En 2012 ocupó el cargo de Director de GBMhomebroker y actualmente encabeza el área de Business Intelligence de GBM. Es profesor por asignatura en la UP y Lead Mentor en Collective Academy. Encuéntralo en twitter como @IvanBarona

Hace un año comentaba acerca de un dúo bastante peligroso para nuestras finanzas, y la vida en general; hablaba acerca de los riesgos que podía representar caer en el cómodo combo de la ignorancia y la indiferencia.

La principal analogía mencionada es que en ocasiones la gente no se hace preguntas incómodas, y prefiere seguir su vida arropada por la indiferencia. Específicamente hablando de temas como el ahorro para el retiro.

Judea Pearl, un reconocido Doctor en Ciencias computacionales y filosofía—galardonado con el Premio Turing por aportaciones al campo de Inteligencia Artificial en 2011—en su libro “The Book of Why” nos presenta otra pareja peligrosa: Ignorancia y Arrogancia.

Este ejemplo lo ilustra, hablando de elementos de mediación en el estudio de la causalidad. Al abordar la anécdota de la desafortunada muerte de marineros a causa del escorbuto a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Con el beneficio de la ciencia moderna, y la relación entre esta fatal enfermedad y la deficiencia en vitamina c, pareciera necedad negar dicha evidencia. En realidad, con décadas de anticipación ya se había encontrado que la presencia de cítricos en expediciones navales ayudaba de manera importante a evitar estas bajas.

Lamentablemente, en algunas expediciones al ártico y a la Antártida, estas medidas fueron obviadas, bajo supuestos de otra causa del escorbuto (carne en mal estado) que resultaron equivocadas. La arrogancia de un científico, con evidencia inconsistentene, que desconocía contra lo que se enfrentaba tuvo resultados lamentables que pudieran haberse evitado.

En el caso de las inversiones, es importante participar con la humildad suficiente para aceptar que no sabemos todo y no somos infalibles. El riesgo recae en que somos considerablemente más escrupulosos con nuestros errores, mientras que en cuanto a nuestros aciertos pasamos de largo el estudio concienzudo.

De esta manera, caemos víctimas de nuestro ego y arrogancia, sin fijarnos en lo que tal vez ya no conoceremos. Se vale decir: gané por suerte, o eso no lo había previsto pero funcionó.

“Existen cosas que no sabes que no sabes”

Esta frase atribuida al Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, nos orilla al escepticismo y a ser diligentes para aceptar que no sabemos todo.

En un mercado global con una marcada tendencia en la última década, es probable que exista un segmento de inversionistas que atribuya su éxito a puro talento, y esto es una combinación peligrosa. Siempre estamos a tiempo de corregir curso, de hacer un estudio no sólo sobre lo que nos ha funcionado, sino también sobre el por qué.

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