¡Con las mujeres, NO!

Por Mariana Gómez del Campo

Uno de los elementos utilizados por el príismo para fortalecer su autoritarismo durante la llamada “dictadura perfecta” fue el esquema corporativista que consistía en aglutinar a trabajadores en grandes sindicatos y a través de sus líderes el presidente negociaba y de esta manera obtenía el respaldo “popular”. Pues otorgaba concesiones que iban desde recursos hasta escaños en el Congreso. Gracias a esta estructura creada con fines meramente electoreros es que existen líderes vitalicios de gremios que en su momento sirvieron para darle al régimen la legitimidad que requería para mostrarse como un país democrático.

Con la alternancia en el año 2000, el sistema corporativista entró en crisis dando pasos a un mayor protagonismo de organizaciones de la sociedad civil (OSC) que perseguían fines específicos, y convirtiéndose así en trincheras desde las cuales cuestionaban las decisiones del gobierno en políticas públicas. Muchas de esas organizaciones se volvieron centros de pensamiento especializados cuya actividad fue cada vez más relevante. Por su parte, muchas de ellas se centraron en atender necesidades urgentes en la sociedad mexicana como por ejemplo, el rescate de niños de la calle, la atención a personas con adicciones, el acompañamiento de migrantes en territorio mexicano, el asesoramiento a víctimas de trata de personas y atención a mujeres víctimas de la violencia doméstica. En algún sentido, las OSC vinieron a suplir las funciones del Estado cuando éste era incapaz de atenderlas o cometía omisiones en la materia.

Cuando el gobierno fue consciente del rol que desempeñaban muchas OSC, creó mecanismos para financiar sus trabajos y que los miles de mexicanos que se beneficiaban del trabajo, muchas veces voluntario de esas organizaciones, pudiera seguir utilizando el servicio colectivo que ofrecían.

Para las personas involucradas en las actividades de la sociedad civil saben muy bien que sin importar el rubro, todas operan con dificultades económicas y a pesar de eso una de sus tareas primordiales es tratar de llegar a más personas.

La semana pasada, el presidente López Obrador, fiel a su discurso de odio contra todo lo que no pueda controlar, arremetió contra el trabajo de las OSC acusándolas de corruptas; lo anterior en el marco de la discusión de la Guardia Nacional en el Senado, contra la que numerosas OSC y organizaciones internacionales se opusieron. En ese sentido, el tabasqueño denostó su trabajo y las tildó de “conservadoras” desconociendo a todas aquellas que por años han dado la pelea por derechos de grupos vulnerables como las mujeres, los niños, las minorías, entre mucho otros, que confiaron en él.

El paso más agresivo que dio el presidente, en su postura de líder todopoderoso e infalible, fue ordenar que se cortará todo el financiamiento a las OSC. Lo anterior, confirma una vez más que el gobierno quiere tener el control absoluto para repartir los recursos y ofrecer desde su perspectiva la ayuda, cumpliendo así las palabras de la presidenta de Morena, de que “la gente se acuerde de quién les ayudó”.

Entre las muchas afectaciones que esto está teniendo en las cientos de fundaciones que recibían recursos públicos y de los cuales daban cuenta vía la Ley Federal de Transparencia, un sector afectado será el de las mujeres víctimas de la violencia. Con esa errónea decisión, el gobierno dejará de ejercer un presupuesto de 346 millones de pesos aprobados por el Congreso pues el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva publicó la suspensión de la convocatoria para dar subsidios a las OSC que se encargan de brindar refugios a las mujeres víctimas de violencia. Lo anterior, por el mero e insidioso capricho del presidente.

Preocupa que la decisión se tome cuando el gobierno no propone una alternativa para las miles de mujeres que son atendidas física y psicológicamente por esas organizaciones, particularmente en un país como el nuestro que, según datos del INEGI, tiene 30 millones de mujeres que huyen de sus casas a causa de la violencia física que reciben de sus parejas.

Es innegable que México es un país peligroso para las mujeres. Según cifras oficiales, en 2018 se registraron dos feminicidios al día. Pero para el primer gobierno que dice priorizar el enfoque social, la atención de las mujeres no es prioridad pues prefiere repartir el dinero en programas sociales que no tienen objetivos claros más que congraciarse con el electorado desatendiendo los temas que nos urgen como país. Lo que está haciendo este gobierno es con sus acciones volverse complice de esa violencia en contra de las mujeres.

Nuevamente el gobierno federal se equivoca por un berrinche presidencial, sello de la llamada 4T. Si existen casos de directores de OSC que se beneficien ilegalmente del presupuesto público, que sean investigados y sancionados a la luz de las leyes vigentes. Pero no puede seguirse una estrategia simplista de desaparecer proyectos para evitar la corrupción o cerrar los ductos de Pemex para evitar el huachicoleo, o cerrar las guarderías infantiles, esto no es más que otra improvisación, pero una inadmisible…#ConLasMujeresNO

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