Otra tragedia mexicana envuelta en dudas

Por Indira Kempis Martínez

Antes de la inesperada muerte de Maquío, el 1 de octubre de 1989, no se podía pensar en que una figura pública podía tener algún percance o incluso la muerte; a la fecha los percances o asesinatos de políticos han quedado en imposibilidad de ser investigados a fondo; lejos de esclarecerse terminan como archivos con clasificación privada para la autoridad que lleve el caso.

Las tragedias, además de causar dolor a sus familiares, dejan un gran vacío de legitimidad dentro de sus seguidores. Tal fue el caso de Luis Donaldo Colosio, quién hasta el día de hoy es un estandarte de la vida pública del país. Existen numerosas fundaciones en su nombre, incluso un partido político tiene una organización interna a nombre de su legado político.

El acontecimiento marcó un hito de oscuridad y separación de la realidad política, alejada de la ciudadanía. No olvidemos que las investigaciones dejaron en su momento insuficientes resultados. El accidente que tuvieron el pasado mes de diciembre la gobernadora de Puebla junto con su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, vuelve a dejar en duda las actuaciones de los gobiernos estatales.

Entre las múltiples versiones se dice que tenían al enemigo íntimo en casa, y otros que fue una especie de advertencia de adversarios políticos. La reflexión versa en respetar el voto del ciudadano con o sin magistrados electorales, esto nos da la lección de que si en algún momento te quieres aprisionar del poder, él mismo te puede sepultar… Dejemos en claro que los accidentes de figuras públicas tienden a reflejarse en el propio escenario de las personas que tienen un cargo de elección popular, al mismo tiempo sirve para comprender que las cosas se tienen que hacer bien para beneficio de la ciudadanía.

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