¿Para qué sirve Internet?

Por Eduardo Navarrete

Para ser leída con: "Spiderwebs", de No Doubt

 "Las plataformas y algoritmos que prometieron mejorar nuestras vidas pueden magnificar las peores tendencias humanas" – Tim Cook, CEO de Apple

Vamos a imaginar que eres un objeto. ¿Para qué servirías? Esto es, cuál sería tu función?

Si te hacen ruido Lasswell y la mera funcionalidad de los objetos piensa entonces, ¿cuál sería tu objetivo en esta vida? Pero no nos pongamos existenciales (al menos no tan rápido) y dejemos esa pregunta para el último párrafo de este texto.

Seguramente habrás visto varios objetos de uso cotidiano con elementos para los cuales no tienes claro su objetivo. 

Por ejemplo, ¿qué función tienen los dos orificios laterales en los Converse, el quinto bolsillo en los jeans, las marcas en las teclas "F" y "J" en los teclados físicos, las bolsitas de sílica gel, o el pequeño hoyo debajo de algunos candados?

Probablemente pienses que se trata de una colección de nimiedades y puede que estés en lo cierto pero el hecho va más allá: esta idea apunta a tener objetos bajo las narices, incluso usarlos cotidianamente y desconocer su propósito.

Esta semana se cumplieron 30 años del desarrollo de internet y uno de los precursores, Tim Berners-Lee, sorprendió a más de uno ya que sin mucho afán festivo se dijo fuertemente preocupado. 

"Necesitamos reflexionar dónde estamos y a dónde vamos", dijo el llamado Padre de Internet, invitando a hacer la lucha de internet, una de las causas más importantes de nuestros tiempos.

Y es que Internet no sólo se ha convertido en objeto de culto para quien experimenta ansiedad y pretende estar en todo y con todos. También se ha convertido en guarida de ilícitos de diferentes magnitudes. 

Al principio se trataba de una plataforma de conocimiento expandido, hoy tienes que andar con cuidado, como si fuera un callejón oscuro. Parece increíble que un medio que soporta a otros medios tenga el potencial de acercar a la gente y en realidad nos aleja y hasta divide.

Lo que es cierto es que en cualquier momento se puede desatar un tsunami de basura sobre cualquier tema e individuo en la red sin saber si hay fundamentos de verosimilitud.

El año pasado rompimos un récord: prácticamente la mitad del mundo está conectado. Hay más de 2 mil millones de sitios web. Hoy recibimos siete veces más información que en 1986 (Barry Feldman) y estamos bombardeados con el equivalente a 174 periódicos de data al día (Dr. Martin Hilbert).

Llama la atención (y recuerda al Dr. Frankenstein) que a quien se le ocurrió Internet esté ahora preocupado. No son sólo las "fake news", sino las consecuencias de las mismas, junto con el ciber acoso, hackeo, robo de identidad, tráfico de lo que sea en la deep web, espionaje, monopolios y otras prácticas que no tendrían por qué no haberse importado del mundo offline, pero la realidad es que internet es lo que somos.

¿Para qué sirve internet, pues?

Al único acuerdo que han llegado los futurólogos es que no tienen idea y que apenas es un bebé en comparación con lo que se va a convertir en los próximos 20 años. 

Curioso es que la semana del aniversario de Internet colapsen Facebook, Instagram y Whatsapp, como una especie de mensaje significativo que nos invita a ver la adherencia que hemos generado a la vida conectada. En un mundo en el que sobra la información, ¿cuánto vale tu tiempo? 

Si bien internet nos ha acercado y alejado a la vez, también es cierto que representa uno de los mayores retos en materia de balance apertura-regulación, como reflejo fiel de lo que es una sociedad.

Tim Berners-Lee jamás imaginó tener que proponer un contrato para el uso de Internet y terminó haciendo uno que vale la pena revisar (https://contractfortheweb.org/es/) para notar al extremo al que como individuos conectados en sociedad orillamos un proyecto que tenía como objetivo, otra cosa.

Los tiempos revolucionarios no se miden por la congruencia de sus postulados sino por la facilidad con la que sus ideas son adoptadas. Es lo que los hace tan interesantes y a la vez cuestionables y hasta peligrosos. 

Si aún no sabemos para qué diablos sirve internet, valdría la pena que, en lugar de emprender la frenética búsqueda de respuestas, nos hagamos una pregunta más: ¿tienes claro para qué estás en esta plataforma de existencia?

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