¿Dónde jugarán las niñas?

Por David Olivo

En esta ocasión escribo con una conmoción que me nubla y me cuestiona frente a la desalmada violencia. Una que lacera a las mujeres: a nuestras amigas, compañeras, colegas, sobrinas, a nuestras hijas. Es a ellas a quienes dedico estas líneas, desde las que busco afrontar y sumarme a la denuncia de los crímenes de género cometidos por aquellos monstruos desalmados, que las mancillan sin duda, ni conciencia. Hoy me pregunto con gran preocupación e impotencia hacia dónde vamos en este tema, porque es la impunidad que gobierna en él, lo que detiene a seis de cada diez mexicanas a denunciar estos atropellos a su persona (de acuerdo a datos de ONU Mujeres).

Es la poca importancia que impera al respecto por parte de las autoridades, lo que calla a 46 por ciento de las personas dañadas por estos crímenes. Y con estos datos, sólo puedo pensar en mi pequeña de cinco años. ¡Mi niña, mi princesa! No puedo dejar de cuestionarme acerca del futuro que le espera en esta sociedad dura, donde los valores cada vez son menores y reina la vileza. No puedo, pero mucho menos me rindo. No me callo, no dimito.

En este día, contaré una historia reciente que sucedió en nuestro país, donde los sueños y aspiraciones de una jovencita se impregnaban cada mañana con nuevas aspiraciones y deseos de triunfar. Una búsqueda emprendida por muchos de nosotros, que la guío a cambiarse de ciudad con el empeño de alejarse de la violencia, misma que asolaba la tierra con desdén e hipocresía.

Después de vivir un tiempo en su nueva residencia, recibió la visita de una amada amiga. Salieron a un restaurante para contarse las novedades en sus vidas. Rieron y cantaron como se sueña en las épocas estudiantiles, pero nada la preparó para lo que pasó. Desde la vileza del corazón humano, unos sujetos la atacaron dejándola desprotegida, desnuda y lastimada.

Esta pequeña con dudas y temores sembrados con el desprecio de un acto injusto podría ser cualquiera. No aceptemos esta realidad que en lugar de proteger a las víctimas, defiende a los criminales. Denunciemos y hagámoslo ahora sin pereza y con premura, porque así lo demandan aquellas que callan por miedo y vergüenza, ya que acuerdo a una encuesta del Financiero Bloomberg son 8% las que no hablan por estas razones.

Clamemos por justicia para las mujeres porque no debemos dejarlo al aire, con esperanza de que no le pasará a ninguna conocida. Basta de escondernos tras pretextos y seamos conscientes de que si no defendemos la justicia hoy, mañana no habrá a quien proteger. Así lo espero, pues no dejaré de dar puntual seguimiento a estos temas, ni a estos casos donde los derechos de las ciudadanas deben pesar sobre los de cualquier criminal.

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