Instrucciones para cantar en la regadera

Por Eduardo Navarrete

Para ser leídas con “Cantando en el Baño”, de Tin Tán.

Paso 1. Primero la canción, luego la toalla.

Superada la decisión de bañarse, parta del hecho que ponerle creatividad a su rutina lo hará, si no libre, por lo menos divertido, que ya es mucho en estos tiempos. Saque del clóset su aspiración artística, así como una lista de reproducción mental con categorías atrevidas: “Música para asaltar una tienda de conveniencia, Música para comprender la naturaleza de su mente, Música para acompañar cuando fuerzas superiores lo abduzcan”. De ahí seguro encontrará algo valioso para sobrellevar el complicado momento de la ducha. Si lo prefiere, puede tomar un atajo y pensar en “Música para cantar en la regadera” y tener un script.

Paso 2. Regule su cuarto de máquinas.

El baño debe ser algo memorable por tarde que uno vaya al trabajo. De lo contrario se transformará en una monserga de insufribles dimensiones por las cuales uno correrá el peligro de perder un brazo, o el cariño a la higiene (ambas igual de graves). La actitud natural para calibrar con maestría la temperatura del agua deberá ser con la que un experto resuelve una crisis nuclear. Con su mirada en alto y la totalidad de la ropa en el suelo, mantenga la concentración como el teniente de fragata que ahora es: gire sus perillas con soltura (las de la regadera, pues). Una vez que haya encontrado la temperatura perfecta (eso aplica para una celebración de vida) hágase un favor y dé dos brincos hacia el agua. Redefina el concepto de indulgencia y recuerde la magia que era ser niño.

Paso 3.  Desafine, para eso es el momento.

Los primeros pasos siempre son excepciones a la regla del estrellato. Afine y salude a su público, quien terminará rendido en las butacas del jabón y tantos otros tesoros para librarse del cabello maltratado y de la porquería en general: ese feroz enemigo al cual usted ahora deberá contrarrestar con baladas de Christian Castro y otras importantes improvisaciones y arreglos que cualquier disquera rogaría para lanzar hoy mismo.

Paso 4. Arránquese, muchacho

Ya con todos los elementos situados a su altura, repita ese pertinaz tallado con seguimiento rítmico de “La Maldita Primavera”. Clame. Sufra la canción. Entréguese al público y arrope el espacio escénico con movimientos vistos en YouTube. Procure variar de artista y de género para no viciar al vecino (leal) y sorprenderlo así con cambios de atmósferas. Tal vez no lo sepa, pero esos momentos rápidamente se convertirán en eventos esperados y secretamente celebrados, de los cuales en realidad todo mundo tendría que estar enterado para evitarle así la pena de salir a trabajar y evitar para siempre su salida de la regadera. 

Tres himnos para honrar el momento sagrado del baño

1.- I Will Always Love You, Whitney Houston

Recuerde que está bajo el influjo de la privacidad y puede hacer lo que le venga en gana. Los acordes de esta canción son idóneos para intentar llegarle a Whitney y traer pegada la culposísima rola todo el día. Procure que no se le salga un acorde en medio de la junta de las 12.

2.- Hello Goodbye, The Beatles

Cualquier rola de The Beatles es perfecta para hacer un glorioso air guitar (y hasta soap drumming y encima sacar burbujas). Tenga cuidado con los brincos y memorice las heroicas caritas de Paul Mc Cartney. Tenga a la mano el acondicionador para imitar los alaciados peinados del cuarteto cuando decida salir a la calle.

3.- Soldado del Amor, Mijares

Por el arrebato que puede provocar la pasión a la hora de coordinar su coreografía matinal, considere a Mijares en su repertorio. Marche alrededor de los linderos de la regadera, desafíe los demonios del desamor y exorcícelos con esta perla musical.

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