El PND deja mucho que desear

Por Indira Kempis Martínez

El Plan Nacional de Desarrollo, valga el pleonasmo, es un plan, por lo que debe contener datos, directrices y estrategias que permitan implementar una visión en los problemas públicos que más nos duelen a los mexicanos.

Es decir, no tiene que ser una “carta a Santa Clós” de deseos, sino ese cúmulo de ejes de acción que promuevan una real implementación. Lamentablemente, –al parecer– este plan parece más una sumatoria de buenas intenciones que todo un documento que sea referencia de lo se va a ejecutar. Por ejemplo, trata de alcanzar hasta 4% de crecimiento económico o que la inseguridad disminuya en 50% o que se combata la pobreza hasta reducirla.

Pero si nos quedamos con este último objetivo, para ejemplificar, la pregunta a la que debería responder el plan son evidentes: ¿cómo? No cabe duda que estamos en una situación difícil en un país de 20 millones de personas que viven en condiciones de pobreza. Pero, ¿son las políticas públicas que priorizan la entrega de dinero a jóvenes o adultos mayores las que garantizarán que esa brecha de desigualdad se reduzca?

Si sólo nos basamos en la cantidad de ingresos monetarios como un máximo indicador, ¿entonces realmente estamos creando condiciones para el futuro o es quizá que la estamos dejando a la voluntad de quienes hoy gobiernan? ¿Será posible sostener esto en el tiempo? Ésta última pregunta también es importante. Haciendo una reflexión como senadora –a ocho meses de haber ganado por mayoría la elección en Nuevo León– considero que el peor error que puedes cometer es creer que sigues en campaña. Hay que “quemar naves” para entonces transitar a asumir con responsabilidad lo que nos toca hacer.

El Plan Nacional de Desarrollo deja mucho qué desear no en objetivos, que más o menos, podríamos estar de acuerdo. Sino en lo que nos debe interesar por sobre todas las cosas: que se haga en la realidad y la transforme.

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