El noble trabajo

Por Toño Esquinca

No hay trabajo indigno ni trabajo que no ennoblezca al ser humano mientras sea un trabajo honesto, benéfico para uno mismo y para alguien más. A veces cuando todo nos sale de la patada, o cuando parece no haber movimiento de las cosas buenas que queremos que nos ocurran, la clave y la respuesta está en aquello que evitamos hacer, a lo que le dimos la vuelta, y que optamos por no alcanzar con esfuerzo y noble trabajo.

No necesariamente quiere decir trabajo asalariado o pagado con dinero, pero sí la postura mental que hay detrás de aquella o aquél que está dispuesto a trabajar noblemente para sí y para otros seres. Por eso siempre que reciba algo, procure dar el equivalente y un poco más cuando tenga la oportunidad. Siempre es mejor agotarse por haber aportado que por haber restado.

Si alguien está siendo bueno, generoso y gentil con usted, procure ver de qué forma puede agradecerle no sólo de palabra, sino de pensamiento y sobre todo de acción. Nuestra hermosa tradición de bendecir los alimentos, de bendecir a aquél que nos hizo una compra, de bendecir la primera dádiva del día, de mostrar agradecimiento y humildad por aquello que nos es otorgado, es el eslabón inicial de la sucesión de un trabajo noble y satisfactorio.

Más que aferrarse a fetiches, hacer ritos o rezos de prosperidad, es trascendental ser conscientes del poder en el noble trabajo. Si las panaceas y soluciones mágicas funcionaran como fantasiosamente se espera, cualquier resultado sería una tremenda injusticia vs. la retribución del que se empeña, se esfuerza, y sacrifica comodidad por noble trabajo. La magia sucede cuando andamos el camino, con la mente abierta, la conciencia despierta, los pies de plomo, y las ganas de que las cosas ocurran, haciéndolas.

Principalmente sembrando semillas que sean consecuentes a los frutos que queremos cosechar más adelante. Todo lo demás: los rituales y oraciones reverberan en la medida de nuestro empeño. Recordemos siempre la regla de oro: poner atención en que lo que demos esté a la altura de nuestras expectativas al recibir. Aquello que damos tiene toda la fuerza de la intención y por lo tanto muchísimo poder en eso que vamos a manifestar.

En pocas palabras, es lo que alimentará nuestras creaciones. Utilicemos la lógica simple y pura, y la sencillez de los valores y principios que hemos conocido a lo largo de los tiempos. Si no tiene dinero con qué pagar, haga su mejor esfuerzo para que quien le está echando la mano sepa claramente que tiene toda la intención de retribuir. Si no puede regresar el favor en la misma especie, busque la forma y conserve la intención. No se quede inmóvil ante el chance de demostrar que es capaz de equilibrar la balanza y que puede gratificar con su actitud.

No sea osado al creerse merecedor per se o superior de ninguna forma más que a través de la nobleza, de las ganas de dar, de las ganas de ennoblecerse con su trabajo sea como sea. Recuerde que el universo es perfectamente matemático y donde las matemáticas fallen buscará compensar, a veces, con eso que menos esperamos. Es una ley Divina, por lo tanto procure siempre tener balanceada su cuenta, por poco que le parezca, un gran intento puede contar suficiente.

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