Marchamos para defender nuestra democracia

Por Mariana Gómez del Campo

Miles de ciudadanos mexicanos fuimos convocados a través de redes sociales para manifestarnos el pasado domingo 5 de mayo en la Ciudad de México y otras ciudades del país como Guadalajara, Hermosillo, León, Mérida, Monterrey, Morelia, Puebla y Querétaro de forma libre, independiente y sin intereses de terceros, sólo con el deseo de expresar nuestro descontento con la forma en que López Obrador está gobernando nuestro país.

Veamos algunos datos que vislumbran el negro panorama: durante marzo de 2019, se registró que cuatro de cada 100 mexicanos estaban en el desempleo con una tasa de desocupación de 3.56%, el nivel más alto en los últimos 28 meses; México cayó de la posición 17 a la 25 en el Índice Global de Confianza de Inversión Extranjera Directa elaborado por la Consultora AT Kearney por las erráticas decisiones gubernamentales; la inflación se disparó en abril a una tasa del 4.41%, alcanzando su nivel más alto del año; por si fuera poco, el Producto Interno Bruto registró una contracción de 0.2% en el primer trimestre del año con respecto al mismo periodo de 2018. De seguir así, nos estamos encaminando hacia una profunda crisis económica que nadie quiere revivir.

Es innegable que López Obrador es un presidente incapaz de instrumentar una política pública sana que se traduzca en beneficios para todos los mexicanos, sino que está empeñado en mantener el poder para su partido y en hacer su voluntad a base de improvisaciones cuyo costo es muy alto para nuestra nación.

Tras la marcha, los miles de “bots” que están al servicio de MORENA estuvieron muy activos en redes sociales desprestigiando e insultándonos a todos, ignorando nuestro derecho a manifestarnos y denostando nuestras consignas; tal fue el embate digital que los bots hacían más menciones a la marcha que quienes participamos en ella. Algunos de los apologistas de la Cuarta Transformación fueron más allá y buscaron la forma de tacharnos de “clasistas” por algunas consignas que no compartíamos todos. Otros abiertamente se burlaron del acto y argumentaron que no tenemos derecho a posicionarnos sobre temas sensibles como el aumento de los feminicidios, aunque desde nuestras trincheras lo hicimos y en los últimos meses hemos visto cómo se agrava dicho problema.

Lo que vivimos el domingo fue una muestra de que la sociedad está empezando a organizarse de forma natural para hacer frente a un discurso de odio proferido por el presidente todas las mañanas. Además, destacó la civilidad que se mantuvo en toda la jornada pues el saldo fue blanco: no hubo pintas en las calles o monumentos, no fueron saqueados los negocios, no fue necesario repartir dinero a los asistentes, no tuvieron que contratarse camiones foráneos para “acarrear” personas porque todos llegaron por voluntad propia, ni se hicieron reclamos que llamaran al gobierno a violar la ley, sino todo lo contrario.

De esa manera, exigimos a López Obrador que no nos catalogue ni nos coloque etiquetas que sólo nos dividen como mexicanos, particularmente porque es su responsabilidad velar por el bien y la prosperidad de la nación. A más de cinco meses del inicio de su administración, el tabasqueño debe dejar el tono de campaña para ponerse a gobernar con seriedad porque un país como el nuestro es lo menos que merece.

Los ciudadanos que salimos a marchar lo hicimos para enviar el mensaje a Palacio Nacional de que hay miles de mexicanos que no aplauden el discurso demagógico que propone una solución fácil a problemas complejos, sino que nos estamos convirtiendo en una sociedad

madura que valora sus instituciones y está dispuesta a luchar para defender el terreno ganado a favor de la democracia, que queremos ser escuchados porque para construir un México prospero, justo e incluyente, es necesaria la intervención de todos ya que la patria no distingue clase social, color de piel o ideología.

Recordemos que en 2011 iniciaron una serie de manifestaciones en los países del norte de África donde sus regímenes se caracterizaban por ser autoritarios y mantenerse desde décadas atrás en el poder; el desempleo, la corrupción, la violación a los derechos humanos y la falta de democracia llevaron a los ciudadanos de estos países árabes a inundar las calles de sus plazas principales aún por encima de las prohibiciones de sus gobiernos. Las redes sociales, principalmente Facebook, fungieron como el espacio ideal para difundir las consignas y convocar a estas protestas que causaron la caída de tres regímenes dictatoriales en Egipto, Libia y Túnez. Estos hechos demuestran la importancia de no subestimar la protesta social que expresan las distintas voces de la sociedad. Al tiempo…

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