Dos Bocas: Hay que construir bien, a precio justo y a tiempo

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Por Indira Kempis Martínez

Toda obra pública es un asunto no sólo de interés público, sino sujeto al escrutinio de lo público. Por tanto, y a sabiendas del historial que tenemos en esos menesteres, debemos entender qué hay que construir bien, a precio justo y a tiempo. En estas tres variables, sería imposible de lograrse sin la participación privada. Se ésta de empresas que se dedican a eso (subcontratadas o no) o cuando menos de la participación activa y ejecutiva de grandes despachos de asesores y supervisores privados con poder de mando en las obras.

El Gobierno está para gobernar y generar progreso colectivo, pero eso no es sinónimo de que enteramente puedan ser los más aptos para hacer obra pública al mejor precio y calidad. La fragilidad burocrática en temas de actualización o capacitación en tecnología moderna o algunos procesos de innovación y la discontinuidad en planeación en materia de proyectos provoca que se descarte la posibilidad de que los funcionarios totalmente se responsabilicen de estos.

En cualquier otro país se entendería, porque lo que considero está en el fondo es que “la burra no era arisca, sino la hicieron”. Es decir, por décadas la complicidad en corrupción de empresarios y funcionarios o políticos nos hacen pensar que esto sistemáticamente y automáticamente es así en todos los casos. Creemos que detrás de cada licitación hay “compadres”, “amigos”, “corruptos” o motivos derivados de la politiquería a la que lamentablemente nos hemos acostumbrado.

Pero esto no debería ser así. Centralizando y haciéndose cargo el Estado de todo más allá del supuesto control esperado, lo único que pasaría es cerrar la puerta a la competitividad que tiene que existir para garantizar la calidad de las obras. Claro que está que tendría que definirse un proceso en plena transparencia y por meritocracia, pero si esto es así, ¿cuál es él miedo?

Ahora bien, lejos de esto discusión, personalmente, no estoy de acuerdo en la construcción de refinerías. En pleno siglo de la peor crisis ambiental, deberíamos estar discutiendo sobre obras públicas que nos hagan destetarnos de los combustibles fósiles. Pero, por lo visto, en este sexenio no será así.

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