No necesitamos más líos de credibilidad

Por Alejandra Lagunes Soto Ruiz

México tiene que asumirse como líder regional y jugador en la economía global, un país que necesita enviar mensajes de fortaleza económica y confianza a los mercados, especialmente en este momento de cambio de régimen. Pero hasta ahora el mensaje ha sido otro.

Sí, uno de cambio y de nuevas formas de gobernar; pero no uno que logre dar la certidumbre necesaria de que este gobierno puede asegurar que la prometida transformación estará acompañada de finanzas sanas, decisiones de inversión pagaderas y una economía estable. No necesitamos meternos en líos de credibilidad adicionales porque tenemos suficientes con los creados por el Presidente Trump, los índices de inseguridad que no van a la baja, los ambiciosos proyectos de inversión nacionales, además de la emergencia climática por atender, y las crecientes necesidades de servicios públicos de calidad.

Tras una semana dura, donde dos de las tres grandes calificadoras degradaron la clasificación crediticia de deuda soberana de México, Pemex y CFE, tenemos que reconocer que tal vez el mensaje anticorrupción del presidente no está siendo interpretado como a todos y a todas nos gustaría. Fitch Ratings recortó la calificación soberana de México y de Pemex; Moody’s cambió la perspectiva de la nota soberana, pasando de Estable a Negativa, tanto para México, como para Pemex. Desestimar en automático estos resultados por su metodología es profundamente irresponsable, deben de leerse con cautela y con calma, pues son un claro mensaje de vuelta sobre lo que México está comunicándole al exterior.

A nadie le gusta bajar de nivel, pero las calificaciones crediticias importan, desestimarlas solo nos hará más vulnerables frente a posibles embates que arriesguen la economía nacional, tal como el inesperado ataque del gobierno de Trump estas semanas. El cambio en el gobierno generará rendimientos y beneficios democráticos, de eso no hay duda, sin embargo es tarea también del gobierno comunicarlos de una forma cuantificable, para que los sectores financiero y de capital vean en esa promesa de cambio también certidumbre.

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