Fe con amor

Por Toño Esquinca

Hoy es el día de uno de mis Santos favoritos: San Antonio. Y aludo a él porque realmente creo que cuando un tiene fe, todo es posible. La fe no es sólo el creer que algo va a estar bien sin hacer nada para que suceda, o sin poner todo de nuestra parte para que así se manifieste. No, la fe no es fantasía. El poder de la fe es tan grande como si pudiéramos alcanzar a abarcar en un segundo toda la potencia del Universo, o de la vida.

La fe que mueve montañas es sumamente silenciosa, no hace ruido, pero estremece el alma como pocas emociones. No es ni siquiera un propósito, esa descripción se queda corta, la fe es más una alineación perfecta con la parte más elevada del Ser y con lo más preciso de nuestro andar por la Tierra. Es como crear un rayo más potente y asertivo que el láser, con una entrega total y también una enorme rendición al poder superior que nos trajo aquí, que nos crea y que nos atraviesa por todas partes.

Pero también la fe real es dinámica, y nos invita a dar lo mejor de nuestro esfuerzo, de nuestras emociones, pensamientos, palabras y acciones, a no mantenernos estáticos hacia lo que soporte la consecución de eso que queremos y a lo que le estamos poniendo fe. Es precisamente porque tenemos una fe verdadera que comenzamos a obrar en consecuencia. Se dice que la fe es ciega, pero siempre va de la mano del amor que abre los ojos, es decir, la fe va con toda la consagración de la que somos capaces, sin dudas, y el amor por toda la vida en todas partes, nos conduce con la claridad que necesitamos.

La fe es como la permanencia del cambio, por eso se dice que muere al final, porque en realidad no muere. Es esa posibilidad siempre latente e infinita de que en todo momento y en cualquier instante, las circunstancias pueden cambiar para mejor. La fe es el sustento de que movamos los recursos que tenemos a la mano para que así suceda. Incluso la fe puede traernos de vuelta a la esencia que en realidad somos, pues si en algún momento hemos elegido sembrar semillas amargas y obviamente tenemos que recoger la cosecha, lo hacemos cargados de la fe en que después de esa noche oscura, podremos retornar a un estado de paz y alineación con nuestra verdad más honda.

Por eso nunca pierda de vista la fe, y vacíese del pasado que se convierte en una obstrucción para que se sintonice con la nota más alta de fe de la que puede ser capaz. Entre más cristalinas sean sus acciones más poder de sintonizar con su fe tendrá. Por eso es que cuando tenemos la vida hecha un lío por aquello que hemos cautivado, es importante conducirnos con amor, verdad, belleza, confianza, armonía y paz, por cada uno y por los que nos rodean, pues así tendremos el canal libre para poder encender el rayo de la fe que mueva eso que queremos ver manifiesto y que en momentos donde casi no se ve la luz al final del túnel, es la única que puede sacarnos a flote.

Tenga fe en aquello que se propone que sea benéfico para usted y para los demás. Sea una mujer o un hombre de fe, no de poca, ni de mediana, sino de total fe, en lo mejor de sí, y en lo mejor que pueda regalarle a la vida. Al final, San Antonio de Padua, como muchos seres humanos de enorme luz, tuvieron una fe tan entregada en sus acciones y en la totalidad de la creación, que hicieron milagros.

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