Consulta a mano alzada

Por Héctor Escalante

El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha tomado como una política pública la encuesta a mano alzada. Parece inverosímil que un mandatario fuera de cualquier país asuma una decisión que implica inversión por la votación que ejercen 200 o 300 personas en un mitin.

López Obrador ha sido un presidente singular, sin respeto a los otros poderes ni a los empresarios o a los medios de comunicación. El mandatario hace lo que se le antoja, siempre justificado por lo que “diga el pueblo sabio” o por acciones contra la corrupción. La honestidad llegó con él, al menos es lo que dice.

El estado de derecho del que tanto habla no es tal, pues mientras sea favorable a lo que quiere lo respaldará, pero si algo le incomoda rechazará cualquier decisión de la Corte, lo más seguro es que les llame mafia de poder. Nadie puede hablar mal del Presidente, aunque diga que hay libertad de expresión, lo más seguro es que sea exhibido por el propio mandatario.

Andrés Manuel López Obrador está encantado con sus eventos presidenciales, eventos que no son otra cosa más que mítines electorales. Esos espacios lo mismo sirven para alabar al Presidente que para denostar al gobernador de oposición. El problema es que dejaron de ser lugares de porra presidencial y se convirtieron en espacios de decisión.

Lo que sucedió en Durango el fin de semana no es algo menor, más allá del abucheo al gobernador José Rosas Aispuro, organizado por Morena, lo realmente grave fue que se tiró una obra de infraestructura por capricho presidencial.

Los empresarios deben estar preocupados por este tipo eventos. Habrá que pensar quien en su sano juicio quiere invertir en un país en el que 200 personas echan para abajo una inversión con aval presidencial. No hay garantías de que se respeten los acuerdos, lo mismo se tumba la obra de un aeropuerto que de un metrobús.

La señal es clara, el presidente López Obrador querrá decidir lo que le plazca, sea un acierto o un error.  Aun si pasa por encima del estado de derecho y de cualquier lógica, incluso si hay afectaciones a los ciudadanos, porque hoy, cómo hace décadas el Presidente tiene siempre la razón. 

Cuenta la anécdota en aquella época del PRI autoritario de los años 80’s, cuando el presidente preguntaba la hora le decían “la que usted diga señor presidente”, nada ha cambiado años después y hoy AMLO está más cerca de ello que de lo que prometió.

Últimas palabras

Ojalá pronto nos digan cuáles serán las facultades de la Guardia Nacional en la frontera sur, no hay claridad sobre su actuar frente a la migración y a las promesas a Donald Trump.

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