El fin del ‘Club de Toby’

Por Yazmín Alessandrini

Hay que aceptarlo, los actuales siguen siendo días en los que los hombres, no todos pero si una gran mayoría, siguen creyendo que todavía hay terrenos masculinos en los que la presencia femenina está proscrita por completo. Esos lugares y esas actividades, que históricamente prácticamente son de potestad varonil y a los que muy pocas mujeres tienen acceso, han propiciado que durante décadas varias generaciones se refieran a ellos como “El Club de Toby”, porque no existe fuerza humana para que quieres los controlan (hombres, por supuesto) tengan la apertura suficiente como para permitir que las féminas sean consideradas e incluidas.

Y a nivel familiar, a nivel laboral y, por supuesto, a nivel social, este estigma del, como dirían los gringos, “No women allowed” (no se permiten mujeres), se ha encargado de conformar dos bandos cuya única misión es entrar en constante competencia para demostrar quién (hombres o mujeres) es superior para desempeñar tal o cual actividad, olvidándose por completo de que todos podemos involucrarnos en cualquier tipo de tarea en una forma por demás conjunta y complementaria, y así todos logremos nuestro bienestar individual en entornos armónicos, inclusivos y equitativos.

En 2012, un estudio publicado por la Universidad de Essex en Inglaterra arrojó que en las dinámicas sociales humanas, sobre todo las masculinas, sus componentes trabajan consciente e inconscientemente para conformar núcleos cuyos integrantes en todo momento se están cuidando las espaldas ante eventuales embates de agentes externos que podrían desestabilizar la armonía de dichos núcleos, por lo que desarrollan códigos y sinergias que definen tangible y concretamente una serie de reglas cuyo objetivo primordial es erradicar cualquier agente que pudiera desestabilizar sus entornos, lo que es perfectamente entendible si nos basamos en el simple hecho de que el hombre es dominante y territorial.

Sin embargo, a pesar de los múltiples avances conquistados en tiempos recientes por las mujeres, está más que claro que todavía existen procedimientos y estructuras que han impedido que ésta pueda desarrollarse en un ambiente de piso parejo, por decirlo de algún modo.

Y lo anterior lo podemos palpar en ejemplos muy simples cotidianos, desde el discurso y la concepción machista con la que hemos definido varios estereotipos, como cuando vemos circular a un vehículo de manera temeraria y lo primero que pensamos (hombres y mujeres por igual) es “¿qué se puede esperar?, si viene manejando una vieja” o qué tal cuando en el ámbito profesional-laboral en una junta de consejo de administración controlada en su mayoría por hombres una mujer ejecutiva hace una serie de planteamientos y cuestionamientos y todos en su gran mayoría se quedan en silencio con gesto de “¿y ésta de qué demonios está hablando?”. En serio, ¡qué feo y qué mal!

La evolución de una especie debe empezar por eliminar cualquier tipo de barrera social que impida que cualquiera de sus componentes sean marginados de cualquier tipo de rol o actividad. Si una mujer es incapaz de poder conducir un taxi o de subirse 45 pisos en un andamio para poder limpiar una ventana sucia, esto lo debe determinar ella misma y no una muchedumbre de pensamientos obtusos que suponen “es que ella no puede hacer esto o lo otro porque ‘es mujer’”.

Del mismo modo, debemos desechar toda clase de prejuicios que nos siguen haciendo pensar que “los hombres al jardín, para que beban cerveza y enciendan la parrilla y que las mujeres se vayan a chismear a la cocina”, porque eso nos está limitando como sociedad y, lo que es peor, nosotros mismos estamos impidiendo vivir en un mundo efectiva y concretamente integrado. Es tiempo de cambiar nuestro discurso hacia lo que las mujeres pueden o no pueden hacer; también ya es tiempo de que desde la perspectiva masculina ellas todavía siguen siendo “el sexo débil” porque, ¿saben? definitivamente no lo somos.

Y no olviden que todos los viernes en punto de la medianoche y los sábados a la 1:00 de la madrugada los espero en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (por favor chequen su sistema de cable predilecto para verificar la nomenclatura de los canales).

E-mail: [email protected] Twitter: @yalessandrini1

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