Estancados

Por Luis Wertman Zaslav

¿La inseguridad en la Ciudad de México está peor que hace un año? No. ¿Está mejor? Tampoco. Ese es el resumen del estado que guarda la principal demanda ciudadana en la capital del país. Puedo dar muchos datos, estadísticas y comparativos, pero todos llegan a la misma conclusión general: estamos estancados. Es decir, los delitos no crecen de manera desproporcionada, pero tampoco tienen una disminución que pueda hacernos sentir tranquilos.

¿Qué está ocurriendo entonces? Bueno, nuestra percepción de inseguridad lleva varios años al alza, sin que importe mucho lo que digan las cifras, y cada nuevo crimen que se hace público, rumor en redes sociales o por mensaje, y los casos que entran directo a nuestro círculo cercano, la dispara.

Y nadie inventa nada. Mira, la seguridad pública se compone de la realidad tanto como del sentimiento que tenemos a la hora de caminar por las calles. De hecho, los delincuentes nos atacan con los dos elementos; por un lado, cometen el crimen y, por otro, lo hacen con la violencia necesaria (o excesiva) para aterrorizarnos por mucho tiempo.

Proporcionar seguridad es también reflejarla a cada momento. A lo mejor ya se dieron cuenta de que los policías responsables de la seguridad en los andenes y torniquetes del Metro traen un nuevo uniforme y rutina. Esa es una señal constante de seguridad, aunque debe estar reforzada con hechos concretos para evitar robos de celulares, comercio ilegal de vagoneros, y hasta agresiones entre los usuarios.

Hacerlo bien es una mezcla de presencia policiaca (número de agentes), protocolos eficientes, prevención, construcción de confianza y de autoridad moral. Ya sabemos que de nada sirven los operativos de cientos de policías armados hasta los dientes de un día, como tampoco ayuda tener a una o un solo agente tratando de ordenar a cientos de personas en la fila del Metrobús en hora pico.

Si queremos dejar de sentir este pánico también debemos poner de nuestra parte. Claro que necesitamos mejores policías como ciudadanos, pero los policías merecen, de la misma forma, mejores ciudadanos.

La fuerza policial de la Ciudad de México es una de las más grandes del país y en su mayoría está conformada por mujeres y hombres que a diario se juegan la vida por nosotros y por nuestras familias en condiciones muy complejas. Así como lo lees.

Con sus deficiencias y su burocracia, la denuncia es la mejor herramienta que tenemos para evitar que un delito quede impune. Ya sé que las agencias del Ministerio Público no son los lugares más turísticos de la capital, pero sin denuncia le damos a las autoridades toda la oportunidad para que no hagan lo que les toca.

Luego viene la prevención que tenemos que fomentar entre nosotros. Usamos los celulares para muchas cosas, pocas de ellas están enfocadas en saber dónde y cómo estamos. Somos capaces de publicar fotos de todas nuestras actividades de inmediato, pero se nos complica mucho mandar un mensaje cuando salimos de un sitio o llegamos a otro.

El gobierno tiene la obligación de brindarnos seguridad, ni duda cabe, sin embargo, nosotros tenemos la obligación de respetar no sólo la ley, sino a los policías y a otras autoridades encargadas de dar tranquilidad. La fórmula no es muy difícil: a los buenos se les reconoce, se les pide ayuda y de les da la confianza; a los malos, se les denuncia por todas las vías posibles.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en los contenidos de la sección Opinión y de todas las columnas y artículos, son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y de quien las firma, y no representan el punto de vista de Publimetro

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