El gabinete de López Obrador se desmorona

Por Mariana Gómez del Campo

En lo que va del gobierno actual, 14 funcionarios han abandonado su cargo, muchos de estos representan el rotundo fracaso de la estrategia de López Obrador en temas sensibles y en la pérdida de confianza en sus directrices gubernamentales, pero un punto de quiebre fue la carta de renuncia de Carlos Urzúa como Secretario de Hacienda, misma que dejó al descubierto una serie de razones que hacen insostenible su permanencia, entre ellas que se toman decisiones sin suficientes fundamentos.

Además, denunció que personajes incondicionales del presidente tienen “un patente conflicto de intereses”, hoy sabemos que se refería a Alfonso Romo, Jefe de la Oficina de la Presidencia, quién ha decidido nombramientos claves en esa cartera como el titular del Servicio de Administración Tributaria (SAT) y la banca de desarrollo.

La renuncia de Josefa González-Blanco a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales muestra que no existe una agenda verde que proteja el medio ambiente al plantearse como prioridades la construcción de proyectos que impactarán negativamente los ecosistemas mexicanos y se apueste a la producción energética a base del uso de carbón. Basta con recordar que, según la raquítica Manifestación de Impacto Ambiental de la refinería de Dos Bocas, su construcción requerirá talar 181 hectáreas de vegetación.

En materia migratoria, después de gritar a los cuatro vientos que los migrantes centroamericanos serían bien recibidos en México y habría trabajos para todos, la administración de López Obrador sometió su política interna a los deseos de Trump y emprende una verdadera cacería contra los migrantes lo que obligó a Tonatiuh Guillén a renunciar como titular del Instituto Nacional de Migración.

Es decir, las renuncias en el Gabinete son muestra de la incapacidad del gobierno federal para tomar decisiones basadas en elementos técnicos, estudios y análisis, algo que desde la oposición hemos denunciado desde el día siguiente a la elección; lo más relevante es que en esta ocasión quien lo señala sea un perfil cercano a López Obrador.

De lo anterior se desprende la inviabilidad de todos los grandes proyectos del presidente como son el Tren Maya, el Aeropuerto de Santa Lucía y la Refinería de Dos Bocas, pero su soberbia no le permite corregir el rumbo pese a que el costo para el erario mexicano será altísimo; es en ese punto que parece que Carlos Urzúa se hace a un lado para no cargar una responsabilidad de tal magnitud.

Pero la salida de Urzúa es más grave porque representa perder un perfil que al ser moderado, había mantenido a flote la confianza de los mercados e inversores pues su presencia aseguraba que los cambios de dirección en materia económica no significarían rupturas o desequilibrios graves.

Por otro lado, el ex secretario deja en evidencia que hay miembros del gabiente que obedecen más de lo que colaboran, es decir, que están más atentos a atender a las órdenes del presidente que a asesorarlo, lo que significa que los contrapesos al interior del propio gobierno se desdibujan. Así, el gobierno federal se convierte en una administración muy vertical donde se hace únicamente lo que dice el presidente y parecen ser pocos los secretarios que se atreven a argumentar en contra de esas decisiones.

Lo anterior tiene consecuencias graves: la institución financiera Bank of America Merrill Lynch publicó un análisis que concluye que, debido a políticas internas y factores externos, la economía mexicana ha entrado en una recesión con una caída del Producto Interno Bruto del 0.4% en el segundo trimestre del año, dato que será oficial cuando el Instituto Nacional de Estadística y Geografía publique los datos a finales de agosto.

Las causas identificadas por la empresa de servicios financieros es la amenaza que pesa sobre el comercio internacional, la incertidumbre sobre las políticas internas de López Obrador, la política fiscal ajustada, la política monetaria restrictiva de Banxico, y la caída en la producción de Petróleos Mexicanos. La tormenta perfecta para golpear la economía mexicana.

Sin duda, esta coyuntura era una excelente oportunidad para que el presidente reflexionara, pero la dejó pasar por la soberbia y autoritarismo que le caracterizan. Sin embargo, las consecuencias de no dar un golpe de timón son cada vez más peligrosas. Al tiempo…

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