La importancia de tender tu cama

Por Eduardo Navarrete

Para ser leídas con A Quiet Life, de Teho Teardo & Blixa Bargeld

No debería estar permitido salir de casa sin haber hecho tu cama. 

Como signo personal de respeto al mundo y así como un gato cubre su caca con arena, deberías ir pensando en tender tu cama luego de haberla usado. La regla es universal: si lo rompes, lo compones. Sin atajos ni cortapisas.

Pero debo aceptar que lo he intentado todo. He procurado moverme lo menos posible durante la noche, taparme lo menos para tender la menor área posible y he intentado dormir a lo ancho de la cama, pero lo único que he logrado es dormir mal y todas las veces, he terminado haciendo la cama.

Tender la cama es uno de esos castigos imposibles de evadir: si no está bien hecha se nota a leguas, no hay atajo. Como todo buen trauma, de niño se planta la semilla del odio a tender la cama. Probablemente podría ser algo neutro como sonarse la nariz o ir al baño, pero al ser impuesto y exigido, tiene un lugar en el cuadro de honor, junto al “no sales con tus amigos”, “No te levantas hasta que te lo acabes” y “Obedeces mientras vivas en esta casa”. Tal vez de ahí viene el placer infinito de dejar lo más deshecha posible esa cama.

Sin embargo, algo tan efímero como funcional debe guardar algún tipo de misterio. Tender lo que destendiste para protegerte del frío nocturno no tendría que ser objeto de un texto. A menos que no lo hagas e ignores las profundidades de este arte. 

El almirante William G. McRaven explicó en un famoso video viral grabado en la Universidad de Texas, que si quieres cambiar al mundo, empieces por tender tu cama. Lo explica como un principio de habituación al cumplir tareas recién inicias el día.

Viéndolo así, hay una oculta función evolutiva en tender tu cama: en circunstancias imposibles de comprender, el orden natural de las cosas que te hace pensar cuán inofensivos somos frente a la visión del orden, hace que por lo menos te sientas bien al haber movido un dedo por tu propio lecho nocturno. Hoy, que el tiempo es medido a través de un clic, tienes la brillante oportunidad de entender que así como se hace una cama, extiendes tus sábanas sobre el mundo. ¿Qué puedes esperar de tus proyectos de largo plazo si no tienes al menos el hábito de atender tus propias necesidades?

Nada es más prometedor que la periferia interna de tu cama. Pasas una tercera parte de tu vida ahí dentro, por lo que la rebelión a tender diariamente ese nicho es comprensible, pero socialmente inadmisible. 

Buscando solución a esto, podrías llegar a simplemente no levantarte de la cama. Algo soñado por varios y odiado por quienes lo llevan a cabo. Si esto fracasa, es posble que hacer tu cama tenga un costo menor (y hasta puedes pensar, mientras la tiendes, que este estado de vigilia debe ser objeto de controversia).

Pero hablando de sueños, ¿quién no ha fantaseado con una cama que se tienda sola? Si haces una búsqueda simple en internet verás todo tipo de modelos que llegan para satisfacer esta piedra en el zapato de la civilización. Pero es más interesante ver los comentarios al respecto: desde personas que dudan de su funcionalidad, los que simplemente anhelan el producto, hasta los incrédulos que aseguran que si no sacudes las sábanas, no habrás tendido bien una cama.

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo hacer un esfuerzo que derive en resultados? ¿Por qué le damos tanta vuelta a algo que sabemos que debe ser hecho? Probablemente porque pretendemos tender una cama siendo que estamos aún en un sueño del cual no somos lúcidos. 

Por eso mejor tiende tu cama como si tendieras una trampa: mantente alerta de los milímetros cúbicos de cada doblez y procede con agilidad en la negociación de "las sábanas dentro del colchón". Mientras maldices el momento en el que decidiste que una King Size era para reyes: seguramente habrás visto con qué facilidad tienden su cama los pajes. 

Lo curioso de tener una visión holística del mundo es que terminas transportando la visión de tu cama al mundo. Quieras o no. 

** Las declaraciones y opiniones expresadas en los contenidos de la sección Opinión y de todas las columnas y artículos, son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y de quien las firma, y no representan el punto de vista de Publimetro

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