Después de todo, ¿hay algún problema en convertirse en ciborg?

Por Eduardo Navarrete

Para ser leído con: "Dunn The Worm", de Sugarplastic

Habitamos un cuento de hadas diseñado cuidadosamente a lo largo de los siglos.

Un cuento en el que el problema está siendo que pasamos de crearlo a creerlo.

Somos tan buenos contando historias y éstas son tan buenas para embelezar la mente con su narrativa, que hay varios entes intangibles como instituciones, religiones, corporaciones, países y hasta sistemas de gobierno que dictan las reglas de la convivencia diaria. Pero no sólo eso: somos nosotros quienes les proyectamos identidad absoluta, como lo tendría algo molecularmente sólido.

También estamos inmersos en procesos de varias revoluciones simultáneas y no estoy seguro que reparemos en ellas. Por citar una, la tecnología, ha puesto en los útimos 25 años un cambio dramático en cómo se hacen las cosas diariamente.

El mundo virtual cobra mayor relevancia al grado que pueden pasar varios días en los que intercambiamos intangibles, desde letras, fotos hasta dinero y amor.

Pero hay propuestas sobre la mesa para hacer tangible la visión tecnológica del Súperhombre e incorporar herramientas con las cuales veamos, escuchemos y hasta pensemos mejor. La premisa es partir de la idea que los humanos no tengan necesariamente que ser biológicos.

Así como la invención y el desarrollo de la rueda y otras herramientas representaron una extensión del cuerpo y de sus capacidades (los lentes oftálmicos son un buen ejemplo), el siguiente paso que se está dando en estos momentos supone agregar(nos) otras facultades a a partir de tecnología dentro del cuerpo. Por ejemplo: ampliar tu memoria con un chip en el cerebro (este proyecto está en curso).

De manera irremediable, uno lleva la mente a los humanos robotizados del cine y las sagas de ciencia ficción, pero si lo piensas un momento, ¿qué tan diferente es tomar medicinas?

Las hay para diversos fines, pero al final lo que hacen es reviertir de manera externa una limitación. Nicholas Negroponte va más lejos y afirma que en no muchos años tomaremos pastillas para aprender idiomas y que literalmente tragaremos información.

Mientras eso sucede, en la universidad de Carnegie Mellon lograron colocar el primer brazo robótico controlado por el cerebro y sin implantes craneales; se cree que el contagio de VIH pueda evitarse con un implante digital subcutáneo y ya hay desarrollos para mejorar la vista para que en tu campo visual salten ventanas con información del entorno en tiempo real a partir de implantes en el cerebro.

El camino se está andando, las posibilidades son tantas como la imaginación y el mundo digital se está adhiriendo a la vida cotidiana como el chip a las neuronas. Vivir 150 ó 200 años ya no será una preocupación, menos aún la alimentación, pues ésta será de diseño y de fácil obtención.

La apuesta por la modificación genética nos debe alcanzar antes de que la irresponsabilidad humana acabe con el planeta. Si lo logramos, probablemente obtengamos la inmortalidad.

Fuera de cualquier debate ético, lo que pienso que sucederá es que por más que uno se resista, la adopción de implantes digitales se dará en la medida en la que veas a los cercanos emplear estos desarrollos (como recuerdo que lo hizo mi mamá cuando por años se negó a usar una computadora y ahora controla las cámaras de su casa desde el celular)

La adopción, pues, representa la menor de las preocupaciones. Si evitamos proyectarle identidad intrínseca, como lo hemos hecho con los sistemas de organización(y dominación) y mientras mantenga congruencia con la esencia humana, la tecnología será una expresión misma de la especie como el arte o la música y representará un valor con el cual podrá reflejar sus miedos, intereses y oportunidades.

Si esto, en cambio, voltea a otro sitio y persigue intereses que disten de esta esencia, me parece que fácilmente estaremos hablando del inicio de un proceso de deshumanización y de una inicipiente autoaniquilación. Aunque logremos la mencionada inmortalidad.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en los contenidos de la sección Opinión y de todas las columnas y artículos, son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y de quien las firma, y no representan el punto de vista de Publimetro

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