Evitar el robo en casa

Por Luis Wertman Zaslav

Termina un periodo más de vacaciones y podemos anticipar que las cifras oficiales de robo a casa habitación (así se llama oficialmente el delito) tendrá un aumento estacional de entre un 15 y un 20 por ciento en la Ciudad de México y en el país.

Este incremento sucede, porque mientras nosotros estamos disfrutando en algún sitio turístico, los delincuentes especializados en este crimen aprovechan para trabajar. Y como cualquier delito, tiene una lógica y condiciones para que se lleve a cabo.

Aunque tendremos que esperar los números sobre cuántos fueron con o sin violencia, la tendencia nacional y en la capital es un aumento de robos a departamentos y casas en los momentos en que no se encuentra nadie. Minimiza el riesgo de encontrarse con un dueño con un arma de fuego o alguna persona que pueda alertar a la policía; sin embargo, el porcentaje que sí ocurre con violencia no nos debe hacer sentir tranquilos de ninguna manera, porque revela que el criminal no tiene inconveniente en enfrentarse con su o sus víctimas.

El elemento fundamental (aunque no indispensable) en este delito es la información sobre el inmueble y sus propietarios. Entre más saben de nosotros, de nuestras rutinas, horarios y salidas, más sencillo cometerlo. Por eso los grupos dedicados a robar domicilios crean una red de contactos que les pueda brindar datos confiables para entrar sin exponerse demasiado. Y si en el edificio o en la calle los vecinos están desconectados entre sí, entonces regresan una y otra vez hasta que los afectados se organizan.

Cualquiera puede obtener datos sensibles de nuestra vida diaria con cierta facilidad. Si en nuestra cuadra tenemos un franelero, él es una fuente permanente de información muy precisa; lo mismo sucede con vendedores informales y trabajadores eventuales e incluso con quienes brinden un servicio ocasional (entrega de comida, por ejemplo).

Somos una sociedad preocupada permanentemente por la inseguridad, pero verificamos muy pocas veces los antecedentes de porteros, personal de servicio o apoyo en nuestras casas. No sabemos dónde viven, quienes son sus familiares, cuál fue su historia laboral y tampoco establecemos reglas para evitar compartir información de los vecinos.

Y seamos francos, elegimos la empresa de seguridad privada (si existe el presupuesto) por barata, no necesariamente por profesional, lo que hace mucho más sencillo reclutar cómplices que no tienen ningún lazo profesional con su empleo o con nosotros.

No obstante, estos vacíos que pueden leerse obvios son apenas la manera “tradicional” de este tipo de delincuente para planear el robo. Otra vía que se ha vuelto popular, y es el futuro ahora, son las redes sociales y la enorme cantidad de datos personales que subimos antes de llegar a las vacaciones. Podemos pensar lo peor de los criminales, pero no son tontos, este es su negocio y se preparan para encontrar cualquier punto débil.

¿Qué hacer? Presumir los viajes al regreso y no en la ida (créanme que nos da la misma envidia), tener redes sociales cerradas, no dejar ninguna luz encendida y darle un juego de llaves a un familiar, a un amigo o a un vecino para que verifique que todo está en orden a nuestro regreso. Ayudemos a que nuestros momentos de descanso no se vuelvan momentos de pesadilla. 

** Las declaraciones y opiniones expresadas en los contenidos de la sección Opinión y de todas las columnas y artículos, son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y de quien las firma, y no representan el punto de vista de Publimetro

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