Los tiempos del Comandante Borolas

Por César Cravioto

¿Cuántas muertes, desplazados y desaparecidos se deben a las políticas antidrogas, antincárteles, anti crimen organizado puestas en marcha por este personaje que se vistió de militar, como un general de cinco estrellas (sin serlo), le rindió tributo a las Fuerzas Armadas, fue a Apatzingán, Michoacán, uno de los municipios más violentos de antes y de ahora, y le declaró la guerra al crimen organizado?

Lo hizo sin tener elementos, sin saber por qué, y desató la violencia que hoy todavía padecemos. Baste recordar cómo el pasado 8 de agosto, al menos 13 cuerpos fueron colgados de puentes en varios puntos de Uruapan, Michoacán con huellas de violencia, balazos y narcomensajes relacionados con las pugnas entre grupos criminales que tiene presencia en el estado y buscan hacerse del control de las actividades ilícitas.

Torturas, desmembramientos, exhibición de cadáveres y ejecuciones colectivas, son signos de que la brutalidad no cede, sus raíces son profundas y se ensancharon, se anclaron, se extendieron.

Convencido de que al crimen organizado había que combatirlo con mano militar, para el segundo presidente panista, México enfrentaba una crisis de violencia incontenible, y bajo el núcleo duro de su política había que declarar la guerra al narco para acabar con ella.

No fue así, su tiro al avispero falló, la guerra que declaró fue la que terminó por atizar la violencia. El exmandatario se acercó al nido de la colmena donde conviven la abeja Reyna, los Zánganos, y las Obreras, sin saber que lo que más las enfurece y las pone en guardia, son los posibles ataques de un humano, sin preveer, que si matas a una abeja emitirá feronomas para atraer un ejercito a su defensa. Las abejas no danzan con depredadores.

En 2008, el general Secretario de Defensa calculó que alrededor de medio millón de mexicanos estaban involucrados con la gran red de la economía del narcotráfico en todas sus formas. “predominó el uso de la fuerza sobre el trabajo de inteligencia, y se dejó de atender las causas sociales que llevaron a miles de jóvenes a sumarse a las filas del crimen organizado”, documenta Lorenzo Meyer, en Felipe Calderón o el Infortunio de una Transición.

Hundió al país en una crisis de violencia tras el fraude electoral de los comicios presidenciales del 2006; “si no se hubiere llevado a cabo el fraude, el país no estaría como está. Los muertos y las fosas clandestinas en el país son consecuencia de ese fraude”, dijo en días recientes el presidente López Obrador.

Los carteles no se replegaron, ni disminuyeron el ritmo de su actividad.

Durante su sexenio “se dieron más de 121 mil muertes violentas relacionadas con el narcotráfico, aproximadamente una muerte cada 30 minutos”, según datos de la Procuraduría General de la República (PGR). Hubo 20 mil desaparecidos y 250 mil desplazados.

Su administración promedió 15.2 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes. El nivel más alto, durante sus seis años de gobierno, fue en 2011, cuando se alcanzaron hasta 19.7 homicidios por cada 100 mil personas de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

El número de secuestros se incrementó en 202% al pasar de 0.4 secuestros por cada 100 mil habitantes en 2007, a 1.21 en 2012. En cifras, esto se traduce en haber pasado de 438 secuestros al año en 2007 a tener mil 421 seis años después. Además, durante su gestión se incrementó 119% el delito de extorsión, catalogado también de alto impacto social.

El Comandante Borolas tiene rostro y apellidos: Felipe Calderón Hinojosa, el que nunca debió ser presidente de México, el que se negó al recuento de votos durante el fraude electoral del 2006, el que fracasó en el proyecto de la militarización de la lucha contra el crimen, el que encabezó el pobre desempeño de la economía y dejó graves efectos sociales, el que desperdició la oportunidad para ahondar en la democracia y erradicar el mal endémico de la corrupción en nuestro país.

Ya lo dijeron los padres de los miles de desaparecidos en nuestro país ante el fin de su sexenio.

“La Nación te recordará como el presidente más cruel, sanguinario e inepto de México”.

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