El canto de las sirenas

Por David Olivo

Desde los ríos de opiniones que esta semana fluyeron hacia el mar de la discusión nacional, llamó mi atención el discurso de gran parte de los morenistas que, a pesar de las negativas reeleccionistas del jefe del Ejecutivo, sacuden los deseos de repetir mandato para el actual presidente.

Es cierto, aún faltan cinco años para concluir el sexenio y hasta podría decirse que esta anticipación se encuentra fuera de lugar, al aún existir temas primordiales en la agenda presidencial. Sin embargo, eso no evitó que el murmullo de la tentación reviviera en los devotos de la Cuarta Transformación y no es sobre todos, aclaro, sino sobre un grupo que al pasar de los meses se radicaliza cada vez más.

El escenario está puesto. Ahora será cuestión de tiempo para ver si el líder de la 4T cumple su promesa o cede al dulce canto de las sirenas. Pues ya se vio como esta seducción despertó los deseos más profundos en figuras clave del nuevo régimen, ya que tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados se buscó mantener el poder.

Tan sólo en la Cámara de Diputados se buscó cambiar la Ley Orgánica del Congreso para permitir al partido mayoritario dobletear su gestión, dado que en esta ley se establece la alternancia de las fuerzas políticas en su dirección. Fue en ese momento que la oposición fortaleció el dique legislativo, transformándolo en un muro que amenazaba con paralizar cada próxima decisión.

Desde el Senado, se estableció una postura de protección a lo establecido en la ley, fundamentándose en el principio de no reelección. El mismo que abanderó Porfirio Díaz y que cimentó la Constitución de 1917.

Y fue hasta las cansadas que Morena renunció, momentáneamente, a este deseo que aún ronda en la cabeza de muchos dentro de ese partido político. ¿Qué de dónde viene es afirmación? Pues de las acciones de los morenistas que tomaron el Congreso de Quintana Roo, quienes parecen no entender que los intereses de un grupo no puede ir sobre la ley, ni encima del bien ciudadano.

Están cegados por mantener sus recién ganados privilegios, y eso que apenas llevan un año, pues con violencia vulneraron el pacto básico de civilidad política, despreciando el voto que respalda la representación estatal.

Cosa similar pasó en Veracruz, donde la Comisión Permanente del Congreso estatal, dominando por Morena, destituyó al fiscal, Jorge Winckler, por no revalidar sus exámenes de control y confianza, en su opinión. Y digo que en su opinión, porque Winckler reveló que sus evaluaciones estaban al día. No se trata de defender todo lo que está en contra del sistema, sino defender la autonomía de cada poder que este grupo vulnera a cada instante.

Al igual como pasó en Baja California, caso que ya hemos evaluado en este especio con anterioridad, pero que suma al discurso reeleccionista. Esta cábala impulsó la Ley Bonilla, la cual con sucias tretas busca darle la vuelta a la ley para ampliar el periodo del gobernador electo de dos a cinco años y con el cinismo que Bonilla se atreve a desprestigiar al árbitro electoral al señalar que no conoce el ámbito electoral.

Y es que a base de Consultas Públicas, evaluadas por nadie, buscan imponer a un gobernador por un tiempo distinto al señalado por la elección que le otorgó el poder.
Además de lo señalado anteriormente, esta corriente radical de Morena se cierra al diálogo e impone a voluntad, acciones que a gritos y sobrerazos dinamitan los puentes que definen a la democracia.

Habrá que esperar, pero las elecciones del 2021 están a la vuelta de la esquinas y cada vez es más claro que las fuerzas de oposición deberán jugar un papel cada vez más crítico y constructivo para balancear la segunda parte del sexenio.

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