Joyería Fina

Por Luis Wertman Zaslav

Retomo el tema del robo de joyas y relojes ante la multitud de mensajes que me han hecho llegar (y agradezco), desde cómo prevenirlo hasta los reclamos sobre el estado de la inseguridad que nos impide desde hace mucho exhibir cualquier artículo de valor.

Empezaré por tratar de explicarle a los segundos que, si bien es molesto vivir con el miedo de que puedes ser víctima de un delito, nuestro país y nuestra capital son espacios en los que la desigualdad, la falta de trabajo bien remunerado, la corrupción y la impunidad, han creado una próspera industria del crimen que nos tiene identificados perfectamente como sus clientes.

El abandono de los jóvenes, que ya hemos visto son la primera línea del crimen organizado (todo) y no su ejército de reserva, las ganancias que genera casi cualquier delito y la falta de confianza y coordinación de los ciudadanos con las autoridades, son causas y no consecuencias de la situación de falta de seguridad que padecemos desde hace décadas.

Pensar que podemos (los que pueden) caminar por la calle con soltura sin prevenir o considerar riesgos es vivir en la ingenuidad; tampoco digo con esto que estemos encerrados a piedra y lodo en casa, todo lo contrario, es importante vivir tranquilos, pero nunca pasivos.

Porque una sociedad que no se comunica -y los gritos por redes sociales no son comunicase, al igual que las fotografías del postre que estamos a punto de disfrutar- es fácil de convertir en víctima y de manipular para que esté atemorizada la mayor parte del tiempo.

Una sociedad que no colabora, por desconfianza, flojera, incredulidad o enojo, esta fragmentada y automáticamente en inferioridad numérica frente a quienes la atacan; no importa mucho si los buenos somos más, mientras no estemos mejor organizados que los malos, no habrá victoria posible.

Una sociedad que no se coordina es fácilmente dividida y así cualquier esfuerzo por prevenir un crimen se diluye, porque nadie hace lo que le corresponde y todos estamos esperando a que alguien más asuma la responsabilidad que nos toca a cada uno.

En un tejido social así, débil, mal entramado, la delincuencia avanza y se consolida. No obstante, si tomamos de referencia casos similares en otras naciones y grandes ciudades, observaremos que la solución surgió cuando la misma sociedad tomó la decisión de organizarse mejor, presionar a sus autoridades e impulsar los cambios que produjeran condiciones de desarrollo más equitativas. Y ya entonces, sin problemas, a lucir la joyería con tranquilidad.

** Las declaraciones y opiniones expresadas en los contenidos de la sección Opinión y de todas las columnas y artículos, son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y de quien las firma, y no representan el punto de vista de Publimetro

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