Similitudes

Por Toño Esquinca

La propuesta de la física fractal y muchas tendencias de la ciencia actual sugieren que habitamos en un universo fractal y holográfico, es decir que cualquier pequeña partícula contiene al mismo tiempo todo lo que abarca la realidad que conocemos y, por lo tanto, en una especie de superposición indivisible, cuyo encaje embona perfectamente por la similitud de las formas, su proporción, y la fuerza de gravedad.

Así como las muñecas rusas que caben perfectamente una dentro de la otra, en distintos tamaños pero en la misma proporción, los átomos y cada cuerpo viviente estamos anidados dentro de algo más grande. Recientemente algunos autores representativos de la Geometría Fractal o Sagrada, han nombrado este fenómeno como el campo unificado, inspirados en el trabajo de Nikola Tesla.

Esta es otra forma de nombrar a Dios o a la inteligencia suprema, y el hecho de conocer estos principios dispara la conexión que mantenemos con todo y con todos y refuerza nuestro sentido de pertenencia. Las tribus nativas del planeta han descrito este campo en miles de representaciones artísticas que remiten a la forma esencial de la naturaleza.

Concebirnos dentro de un campo infinito pero auto-similar en cada una de sus partes, también expande la auto-imagen que tenemos, pues más allá de vernos sólo en la forma del cuerpo e inscritos en nuestras circunstancias, podemos sentir esta similitud con los patrones de creación de la vida.

Desde el ADN, hasta cada rincón de nuestras células, esta estructura está ordenada de manera tan perfecta que sostiene nuestra vida. Así que ¿cómo no podríamos ser materia de lo divino? Cómo negar la naturaleza de belleza y bondad que nos compone.

No sólo al reflexionar, sino al sumergirnos en la sensación de estar contenidos en algo supremo e infinito y de parecernos a eso, podemos encontrar una ruta muy directa y precisa para ir mejorando las creencias que tenemos alrededor de nuestra autoestima.

Por el contrario, si la mayor parte del tiempo estamos encontrando más similitudes con lo inferior y negativo de los seres humanos, con eso que hemos creado desde el fondo de la inconciencia, nos vamos a sentir viles, seres que no valen nada y cuya existencia es un ocio de la naturaleza. La noción descrita en todas las religiones, de estar hechos a imagen y semejanza del creador, se refiere precisamente a esto.

Entonces imagínese usted el potencial que yace en su existencia, imagínese la grandeza detrás de un cuerpo que realiza sus funciones y de la capacidad que usted tiene de crecer, de aprender, de conocer, de comprender, de apreciar y de amar.

Pero además de volver a nacer, de regenerarse, de enmendar lo sembrado que no le ha dejado nada bueno, así como hacen las células o las selvas, los ciclos de la Tierra y los ciclos infinitos de muerte y renacimiento. Imagínese lo que es usted capaz de hacer, de alcanzar y de lograr.

Al ser parte de este campo unificado de conciencia tenemos la condición obligada de ser similares a su supremacía y, por lo tanto, todas las creaciones armónicas que provengan de nuestra más genuina esencia de amor, verdad y belleza, siempre e infaliblemente, serán sostenidas y amparadas por la unidad de la vida que las reconoce como iguales.

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