Robo en restaurantes

En alguna época, este tipo de robos disminuyó al máximo

Por Luis Wertman Zaslav

Existen dos objetivos para los ladrones que entran a robar a un restaurante: llevarse lo que haya en la caja, lo que traigan los comensales, o ir por un artículo de valor en específico, que puede ser un reloj de lujo, joyas o ambas.

Esta semana circuló el video interno donde se aprecia parte del robo a un conocido restaurante en una de las zonas de mayor capacidad económica de la Ciudad de México. En las imágenes se observa cómo dos individuos parecen ir directo hacia un cliente y amagan a otro al que también asaltan.

Sin especular, porque las autoridades tendrán que ser las encargadas de explicar lo sucedido, este es un caso típico, tristemente, de la forma en que actúan los delincuentes especializados en este tipo de robo.

Antes, se hicieron públicos diversos casos en donde los criminales acudían a la medianoche para robar la venta del día y de paso a quienes en ese momento estuvieran cenando. Eran, son, robos rápidos, con mucha violencia y uso de armas de fuego, para que nadie oponga resistencia.

Luego viene el escape inmediato que puede ser a la carrera (ya con una ruta planeada), en motoneta o en automóvil. El horario favorece las tres formas porque el tráfico cotidiano ya descendió.

Por lo general, cuando se trata de un restaurante famoso, concurrido, o en una zona de moda, van sobre víctimas específicas y, si corren el riesgo, necesitan más que una pareja para tratar de desvalijar a la mayoría de los asistentes, sin contra que la huida se complica porque son espacios donde hay muchos autos, vigilancia policiaca y el tiempo de reacción de acorta demasiado.

En alguna época, específicamente durante el sexenio del ahora Canciller Marcelo Ebrard Casaubón, este tipo de robos disminuyó al máximo. La solución fue sencilla pero poderosa: coordinación entre los restaurantes (representados por la Canirac en toda la República), la policía del sector, los vecinos y hasta las empresas de valet parking.

Tantos ojos y odídos hacían muy complicada la aparición de grupos de ladrones que pudieran contar con el tiempo necesario para merodear, obtener información de las rutinas de los establecimientos o seguir a una potencial víctima que trajera algo valioso.

Además, contaban con un apoyo ciudadano que en segundos podía reportar el incidente y movilizar a las autoridades. Había un principio de confianza en los dueños y gerentes de los restaurantes y, más amplio, entre los comités de vecinos.

Es decir, este tipo de delitos ya lo hemos logrado erradicar en la Ciudad de México y el modelo de prevención se puede aplicar en cualquier estado de la República. Solo se trata de tener voluntad y compromiso.

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