Mientras la violencia devora México, la 4T reparte culpas

Por Mariana Gómez del Campo

Una niña pregunta a su papá “¿ya nos podemos parar?”, su padre contesta “No, mi amor. Aquí quédense, aquí en el suelo” y la pequeña responde “¿por qué en el suelo?, el padre no responde. ¿Cómo le dices a una niña mexicana de cinco años que los narcotraficantes están tomando la ciudad porque el Ejército retrocedió?

La escena fue de terror: madres corriendo despavoridas con sus hijos en brazos, familias escondidas entre los estantes de supermercados o entre las mesas de restaurantes, padres con sus hijos acostados en las calles, resguardándose ante la ofensiva del crimen organizado que superó en número a las fuerzas del orden a nivel estatal y federal.

La tarde y noche del jueves 17 de octubre, Culiacán se convirtió en una zona de guerra donde los narcotraficantes se hicieron del control de la ciudad liberando aproximadamente a 49 reos del Penal de Aguaruto, logrando que las autoridades dejaran libre al hijo de “El Chapo”, sembrando el terror entre los ciudadanos, y demostrando que la autoridad que prevalece es la suya.

La respuesta del gobierno fue confusa y dejó más preguntas que respuestas; tuvimos que esperar hasta el día siguiente para que reconocieran que su operativo fue “fallido y deficiente” porque no tomaron en cuenta “la magnitud de la reacción de los criminales”. Por ello, el gobierno decidió liberar a un delincuente y retirarse, dejando a los delincuentes actuar sin restricción alguna.

No nos confundamos, dar declaraciones o conferencias de prensa no es ni transparencia ni rendición de cuentas, sino una estrategia barata de dominación de la agenda política, muestra irrefutable de ello fue el video publicado la noche del jueves donde aparece el Secretario de Seguridad con un discurso ambiguo que termina siendo uno de los peores mensajes de seguridad.

López Obrador es un personaje improvisado. Su respuesta ante lo sucedido en Culiacán fue culpar a un medio de comunicación y no reconocer los errores de su administración. Sigue afirmando que “vamos bien” y que “es una exageración que ha fracasado nuestra estrategia”. Si la mitad de la soberbia que utiliza para lanzarse contra los periodistas que lo cuestionan la usara para combatir el crimen organizado, otra historia se estaría escribiendo en México.

Pero no es un caso aislado: cuatro días antes, 14 policías estatales fueron asesinados en una emboscada en Aguililla, Michoacán, mientras cumplían un mandamiento judicial; tres días antes, 14 civiles y un militar perdieron la vida en un enfrentamiento con hombres armados en Tepochica, Guerrero. Nadie puede negar que la violencia devora a nuestro país.

El 22 de abril, el presidente se comprometió a que en seis meses se verían los resultados en materia de seguridad gracias a los programas sociales que impulsa su gobierno, los hechos muestran otra cosa: según el Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública, de enero a agosto de 2019 se han registrado 23,063 asesinatos. La realidad está alcanzando a esta administración y los datos oficiales hablan tan fuerte que cada vez los discursos optimistas de la administración hacen menos eco.

Lo sucedido en Culiacán demostró que el gobierno mexicano es inepto, incapaz, torpe, imprudente e incompetente. La semana pasada quedo muy claro que hay un vacío de poder, pues al gobierno le tiembla tanto la mano para actuar que a corto plazo seremos los ciudadanos los que pagaremos todas y cada una de las malas decisiones de la 4T. Al tiempo…

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